Cultura

«Cuando toco la guitarra no pienso en que soy japonés»

Es el máximo exponente de la guitarra flamenca en su país, Japón, y lo vuelve a demostrar en su tercer disco, titulado Respeto, que acaba de ver la luz. Recientemente pasó por Sevilla para presentarlo y reafirmar su inextinguible pasión por el arte jondo.

el 15 sep 2009 / 01:27 h.

Es el máximo exponente de la guitarra flamenca en su país, Japón, y lo vuelve a demostrar en su tercer disco, titulado Respeto, que acaba de ver la luz. Recientemente pasó por Sevilla para presentarlo y reafirmar su inextinguible pasión por el arte jondo.

El título Respeto alude a la actitud con la que Oki se acerca al flamenco, pero también es lo que éste reclama para su arte: "Respeto es lo que siento por la tradición y por los grandes artistas que ha habido a lo largo de la historia, pero también pido respeto para mi familia, pues en el disco hay temas dedicados a mi hija, mi padre, mi maestro...". El hecho de pertenecer a una cultura tan distinta como la bajoandaluza no le arredra: "Cuando toco y compongo, intento sacar el sentimiento más profundo de mí. No pienso en que soy japonés, ni me importa la edad que tengo. Yo quiero ser persona, y que mi música suene como yo soy", explica.

Jin Oki empezó estudiando guitarra clásica con un alto nivel, hasta que cayó en la gozosa trampa del flamenco, y empezó a dar sus primeros pasos de la mano de maestros nipones como Hiroshi Oka o Hideo Ito. Pero no fue fácil abrirse camino: "Para mí, lo más difícil es el compás. Cuando toco con gitanos, me doy cuenta de que me falta mucho para alcanzar, por ejemplo, esa libertad con las palmas. He pasado mucho tiempo con los gitanos de Santiago, en Jerez, y es maravilloso pero muy duro".

Oki recuerda cómo fueron aquellas primeras incursiones: "Al principio la gente me miraba mucho. 'Qué hará ese chino con la guitarra, qué raro', decían. Yo iba todas las noches a intentar copiar lo que ellos hacen, poco a poco fueron tratándome como un amigo. Al final, me daba cuenta de que todavía hay algo dentro de nosotros que nos separa: ellos son gitanos y conocen todo desde muy pequeños, mi cultura y mi idioma son diferentes. La conclusión a la que llegué es que no puedo ser un gitano de Santiago, tengo que ser yo mismo, mirando a mi raíz, mi tierra y mi cultura".

Dentro de esta evolución, Jin Oki afirma que el paso más decisivo que ha dado se refiere a un cambio de punto de vista: "Antes pensaba continuamente, ¿qué es el flamenco para mí? Ahora pienso, ¿qué soy yo para el flamenco? Quiero hacer algo para el flamenco, aunque sea muy pequeño", apostilla el músico.

"Cuando vi por primera vez a Vicente Amigo, decidí tocar flamenco", dice Jin Oki, un artista que niega que la cultura japonesa y la andaluza tengan mucho en común. "Creo que son casi contrarias", comenta. "Tokio es una ciudad de prisas, la gente trabaja muchísimo, hay demasiado estrés. Aquí la gente habla muy fuerte, pero hay una cultura del disfrute que la gente no tiene, el paseo, la siesta... Hay en Andalucía una pasión que a nosotros nos falta", concluye el guitarrista.

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