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Cuando tu vecino sí importa

Un estudio revela que un barrio ‘bueno' sin red social es peor para una familia en riesgo.Dos investigadoras de la Universidad de Sevilla estudian a más de 600 familias en riesgo psicosocial. Barrios con familias con problemas los hay "por toda la ciudad".

el 20 nov 2010 / 19:34 h.

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Dos personas amontonan las donaciones que un barrio ‘popular’ ha hecho para ayudar a sus vecinos con problemas.

¿Qué es mejor para una familia en riesgo: tener dinero o vivir en un barrio limpio, con una red de vecinos cohesionada, con centros educativos, ambulatorios y zonas de esparcimiento y ocio? ¿Le parece una tontería esta pregunta? Pues la respuesta correcta no es lo primera. Dos profesoras de la Universidad de Sevilla se han cuestionado si la ciudad está preparada para atender las necesidades de la familia y, con los resultados de esa encuesta, han elaborado una radiografía sobre la calidad de los vecindarios sevillanos. La investigación ha merecido un premio del Ayuntamiento de Sevilla.

Entre las conclusiones destaca una que "no sorprende a nadie", reconoce María Victoria Hidalgo, una de las autoras del informe y profesora de Psicología con 30 años de experiencia en el grupo de investigación Procesos de Desarrollo e Intervención en Contextos Familiares y Escolares: en Sevilla hay barrios muy buenos y barrios muy malos. Su distribución -que las profesoras han realizado pero que se niegan a facilitar para evitar "estigmatizar" a nadie- "tampoco sorprende", reconocen ambas al alimón, señalando el Sur de Sevilla o el Centro, Los Remedios, Nervión, Triana, Sevilla Este... Pero si por algo destaca este estudio es por la confirmación de que hay barrios "repartidos por toda la ciudad", recalca María Victoria, que son "más vulnerables".

"La familia está influida por su contexto social y éste no es otro que el barrio", subraya a modo de resumen. Como resultado de la investigación, María Victoria y su compañera Ángela Arenas llaman la atención sobre dos asuntos. El primero de ellos tiene que ver con los recursos económicos de las familias en riesgo: "El dinero no beneficia ni mejora la dinámica familiar". Y segundo: "Sevilla es muy diversa y barrios que son muy buenos desde el punto de vista de su estética, no ayudan, sin embargo, a que una familia con problemas pueda salir adelante".

Estas familias con problemas -bastante de ellas monoparentales- tienen más necesidad de apoyo emocional que de otro tipo. "Demandan poder hablar", señala María Victoria. Esas familias con adolescentes conflictivos llegan a los servicios sociales derivadas por el colegio o incluso la Fiscalía. Los problemas son serios y para afrontarlos, la mayoría de las veces, estas familias no cuentan ni siquiera con una red de apoyo. Las investigadoras evidencian que hay padres "muy ausentes y permisivos que no desarrollan estilos educativos adecuados" y para eso requieren formación. Ésta se les ofrece a partir de un programa en el que las familias trabajan durante dos años. "Los servicios sociales han pasado de ser puramente asistenciales a realizar labores de prevención y promoción", subrayan.

"No queremos poner etiquetas", defienden las investigadoras. Sí pretenden por el contrario que los resultados sirvan a las autoridades para planificar y saber dónde invertir más recursos, tanto económicos como profesionales. "Hemos querido demostrar dónde hay lagunas y, por tanto, dónde hay que planificar más". María Victoria y Ángela han estado trabajando durante varios años con las Unidades de Trabajo Social (UTS). Han entrado en contacto con 600 familias en riesgo. Y, aunque la diversidad es la palabra que más usan durante la entrevista, reconocen que "cada vez acuden a los servicios sociales más familias con un nivel educativo alto que buscan ayuda para poder educar a sus hijos adolescentes, con los que viven situaciones de conflicto muy duras".

Lo evidente es que hay que dotar de herramientas a las familias. Y si hay una a la que hasta ahora no se le había prestado atención es a la de vivir en un barrio, que más allá de ser bonito o no, más seguro o no, esté cohesionado y disponga de servicios y vecinos que lo hagan habitable.

En su análisis, María Victoria Hidalgo y Ángela Arenas han estudiado a estas 600 familias en riesgo medio repartidas por todos los distritos y, con los técnicos de las UTS, dividieron la ciudad en 59 subzonas (una subzona, según el estudio, se corresponde "aproximadamente" con un barrio). A cada una de ellas, aplicaron una escala para determinar su calidad. En dicha escala se midieron cinco valores: el nivel socioeconómico (desde los ingresos al nivel de estudios), las características físicas del barrio (su limpieza, orden...), problemática social (consumo de drogas, por ejemplo), servicios comunitarios (la disponibilidad de comercios, centros educativos y sanitarios públicos) y, por último, cohesión e integración social (relaciones entre vecinos, redes vecinales, ocio disponible).

Con los resultados, clasificaron los barrios en tipo 1 (15 en total, aquellos en los que todos los parámetros daban muy malos resultados), en tipo 4 (23 barrios, en el extremo opuesto al 1 y, por tanto y simplificando mucho, los barrios buenos), y los tipos 2 (13 zonas) y 3 (8 barrios). Estos dos últimos son los más interesantes desde el punto de la intervención social, según las investigadoras.

El barrio tipo 2 sería aquel en el que el nivel económico es aceptable y en el que sus características físicas son buenas (entendiendo por esto cuestiones como la estética del barrio, si está bien cuidado o no, etc), pero donde la cohesión social y la integración fallan estrepitosamente. El barrio tipo 3 es todo lo contrario: el nivel económico de las familias no es boyante y el barrio no es, simplificando mucho, bonito, pero las redes sociales existentes son muy fuertes y los servicios de la zona muy variados.

Tanto en Macarena, como en Centro, Los Remedios, Triana o Sur, hay 13 zonas (las reconocidas como tipo 2) donde residen familias con problemas psicosociales que, pese a vivir en un barrio con buenas características físicas y contar con dinero y formación, tienen menos herramientas para afrontar su situación ya que en su entorno no encuentran ni servicios comunitarios ni apoyo en redes sociales. Las investigadoras ponen ejemplos: una familia en riesgo puede afrontar mejor la solución si encuentra a su alrededor vecinos con los que charlar, zonas de ocio y esparcimiento donde relacionarse con otras familias... Y es que cuanto más barrio, más salud (desde el punto de vista emocional) para la familia.

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