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Cuando un técnico apuesta y gana

Dejar a Poulsen fuera de la convocatoria, aunque el danés con su juego y con sus coqueteos se lo lleve ganando a pulso algunos meses, es una decisión de esas que te pueden estallar en toda la cara. Pero más controvertido es sin duda dejar en el banquillo al Pichichi.

el 15 sep 2009 / 04:17 h.

Dejar a Poulsen fuera de la convocatoria, aunque el danés con su juego y con sus coqueteos se lo lleve ganando a pulso algunos meses, es una decisión de esas que te pueden estallar en toda la cara. Pero más controvertido es sin duda dejar en el banquillo al Pichichi, ese brasileño que es tan bueno, para jugar con un solo punta ante el Real Valladolid en casa. Jiménez lo hizo, sólo él -de todos los técnicos que conozco- pudo pensar algo así, y le salió bien. Renato le dio la razón. Es el hombre que suplió a Poulsen, pero también a Luis Fabiano, y metió los dos goles, los que posibilitaron que el Sevilla encare con cierta tranquilidad una cita tan principal para sus aspiraciones europeas, las mayores y las menores. No fallaron los de arriba, algo más los de abajo. Tampoco marró esta vez el Sevilla y eso deja mejor sabor de boca que empatar en Murcia aunque pinchen Atlético y Racing.

Mediapro tiene que estar soltando mucha tela, porque el Sevilla está metido hasta las cejas en el rollazo éste entre millonarios que quieren ser más ricos todavía con sus plataformas. Del Nido, seguramente, está haciendo lo que tiene que hacer para consolidar la posición de su club, pero esta guerra de televisiones tiene loco al espectador, que, no lo olvidemos, mantiene este tinglao en pie mientras que en sectores más poderosos de la economía española discuten sobre si es desaceleración o crisis lo que tenemos en lo alto y nos está provocando una chepa. Han pasado las elecciones, período en el que valía de todo, y se sigue sin arreglar un asunto que como termine pinchando el globo vamos a lamentar más de un lustro.

Maresca sabe jugar al fútbol y cuando los partidos o los rivales le permiten controlar al balón como a él le gusta, se termina haciendo el amo del cotarro. Pero para este Sevilla eso no deja de ser un recurso, porque su fútbol necesita velocidad, que no siempre la puede dar el buenísimo italiano.

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