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Cuando uno se va con sus muertos

Los trabajadores del mundo mágico de la Cartuja confiesan sus temores reales al empezar hoy la fiesta del terror.

el 26 oct 2012 / 17:56 h.

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Imagen de archivo de la celebración de la fiesta de Halloween en Isla Mágica, a la más clásica usanza.

Temo a un solo enemigo, que se llama yo mismo, escribió Papini. Es fácil decirlo con su cara (para quien se la haya visto). Los miedos reales son más peliagudos que un resultón juego de palabras. Uno, en las fiestas, puede bailar alegremente entre esqueletos y hasta vociferar latinajos sobre lápidas de cartón piedra, pero luego, en casa, mira por encima del hombro al ir apagando las luces mientras se le aceleran el corazón y el paso. En Isla Mágica comienza este sábado, un año más, la gran celebración del terror y la magia: Halloween. Los viejos números, teatrillos y atracciones, envueltos en una bruma transilvana de castañas y buñuelos, se enriquecen con nuevas ocurrencias para que todo el mundo lo pase espantosamente bien. Pero en el fondo de su alma, tanto la actriz que hace de maga desdentada como el cetrero que envuelve su número en el aura tenebrosa de un sortilegio, miran por encima de ese hombro suyo cuando llegan a casa. ¿Cuál es su miedo, su miedo real?

Antes de conocer las respuestas hay que hacer un alto en la narración, y contar cómo será la deliciosa farsa de esta Isla Mágica en Halloween, que el sevillano no se puede perder si goza, al menos, de medio gramo de fantasía en su corazón, pues, como decía el mismo tipo de antes, todo hombre no vive más que por aquello que espera. Y lo que espera el visitante de la Cartuja a partir del sábado es lo siguiente: telarañas, calabazas y bichejos. El célebre puesto de maquillaje, para quien crea necesitar un toque descarnado que reporte moribundez a su rosada faz. La Cueva de Brujas y Monstruos, un pasaje del terror infantil. El espectáculo Miedo en el Corral de Comedias, que dicen que es de los que harían encanecer del susto a Alfred Hitchcock.

Más, más: junto a este Corral de Comedias se instalará el consultorio mediúmnico llamado Tus Muertos, donde la más reconocida espiritista de los ambientes tabernarios del puerto ayudará a los presentes a contactar con sus queridos difuntos, siempre que, como advierte la propia ocultista, "haya suficiente cobertura". Aquelarre de fuego, funeraria en la mismísima puerta por si alguien quisiera espicharla de repente, aprovechando el ambientazo, Templo del Terror... Entrar una jornada entera a este submundo cómico-grotesco-ultratumbero cuesta lo que vale la entrada en temporada baja: 28 euros los adultos, 22 los jóvenes y los mayores de 65 años y 20 euros los niños. Los sábados, estos precios se reducen, respectivamente, a 20, 16 y 12 euros.

Dicho esto (como gustan adornarse los contertulios radiofónicos), ahora toca el terror real. Teniendo en cuenta que no estará allí Giovanni Papini para asustar a nadie, básicamente porque la diñó hace 56 años y no es plan de invocar su participación en los fastos por muy Halloween que sea, ¿qué atenaza de verdad el corazón de la gente? Allí, en Isla Mágica, todos los trabajadores tienen su secreto, que va a quedar desvelado ahora mismo:

No ser capaz de hacer las cosas que me gustan (Marcus Mens, jefe de ventas). Que roben en casa conmigo dentro (Silvia Sánchez, responsable de marketing). La muerte (Vanesa Pérez, eventos). Falta de trabajo en la provincia de Cádiz (Ana Belén Cumplido, delegada comercial de Cádiz). Nada (Federico Lobo, técnico de sistemas). Perder la ilusión (Carlota Delgado, técnico comercial). Morir sufriendo (Lucía González, becaria del departamento comercial). La crisis en Portugal (Raquel Melero, delegada comercial de Portugal). La crisis (Sergio Morón, becario del departamento comercial). Los políticos (José Luis Montes, delegado comercial de Huelva y Extremadura). La enfermedad (Ana Vega, responsable de eventos). La violencia (Rosa Rebollo, delegada comercial de Sevilla). No poder valerme por mí misma (Rosario Navarro, limpieza). Perder a mis hijos (Carmen Osuna, supervisora del centro de control y control de caja).

Y prosiguen las revelaciones: Quedarme sin trabajo (Miguel Gómez, auxiliar de seguridad). Enterrarme viva (Susana Osorno, central de reservas). Un accidente de avión (Rosario Alvarado, operadora de admisiones). El sufrimiento físico (Marta Camacho, secretaria de presidencia y dirección). Ver a Messi con el balón perpendicular a Casillas (Guillermo Cruz, director del parque). Un accidente de tráfico (Mariló Larios, tesorería). No poder dar solución a un problema grave (María José Pérez, facturación y proveedores). Perder la casa (Carmen de la Bandera, clientes). La enfermedad (Felipe Agudo, facturación de clientes). Las fuerzas de la naturaleza (Fernando Margareto, compras). Perder la salud (Tomás Zamora, administrativo). La muerte (Ana Asensio (control de gestión). La enfermedad (Carmen Ruiz, responsable de RRHH). Perder la salud (Rosario Palomo, departamento de personal). Ahogarse en un barril de cerveza sin alcohol (Paco Galván, responsable de atracciones y operación de espectáculos). Serpientes en la cama (David Mora, responsable de informática). No tener dinero (Ana Cid, oficina técnica). Lo que no controlo (Raúl Salamero, jefe de mantenimiento de edificación, urbanización, tematización y jardinería). La altura en los acantilados (Venancio Domínguez, jefe de mantenimiento y desarrollo de atracciones). El silencio y la oscuridad (Lucía Marsical, atracciones). Miedo al dentista cuando me da la factura (Julio Delgado, juegos y fotos). La altura (Paco Vilches, servicios generales). Las cucarachas voladoras (Meri Madroñal, encargada de admisiones y atención al visitante). Un incendio (Antonio Salvador, jefe de restauración y autoprotección). Lo desconocido (Pepe Marín, jefe de oferta gastronómica y cocinero). La soledad (Tere Íñiguez, responsable de juegos, tiendas y fotos). Los lobos con piel de cordero (Inmaculada Molina, prensa). Que me devoren mis propios pájaros (Miguel Ángel Domínguez, actor y cetrero).

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