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Rocío

Cuarenta años haciendo el camino

Tras visitar las dominicas y una residencia de ancianos, la Hermandad del Rocío de Bormujos recibió los honores de Ana Hermoso.

el 04 jun 2014 / 23:59 h.

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(FOTOGALERÍA)

Desde hace 40 años hay una hermandad en el Aljarafe que le canta a la Reina de las Marismas con devoción propia. Es la Hermandad del Rocío de Bormujos. Aunque la que la vieron nacer aseguren que el camino ya no es igual, como Pepe Girón. El que fuera dueño del bar, con su mismo nombre, con una de las carnes con tomate más conocidas de la provincia, y que ahora regentan sus hijos, asegura que el camino hacia la aldea ya no se vive con la misma familiaridad con la que se hacía antes.

«Eso no quita que se haga con el mismo sentimiento», añadía ayer mientras veía pasar con emoción a los caballos, siendo este, el primer año que no hará el Rocío sobre uno de ellos. Muestra de ese sentimiento del que habla Girón son los más de 800 peregrinos que acompañaron ayer al simpecado durante su recorrido. Tras la misa de romeros oficiada por el párroco y director espiritual de la hermandad, Manuel Jesús Moreno, los romeros salieron de la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación para dar los primeros pasos del que se prevé sea un camino especial.

Y es que aunque no sean 50, los 40 en los tiempos que corren son un gran regalo para aquellos que año tras año quieren estar junto a la Blanca Paloma por Pentecostés. Al menos así suspiraba ayer el hermano mayor de la corporación bormujera, Florencio Casado. Es consciente de que no le ha tocado vivir unos años fáciles: la crisis ha provocado una bajada considerable de cuotas y los gastos para peregrinas cada vez crecen más. Pero Casado tiene una esperanza puesta en este camino: cuando a la vuelta acabe su mandato, espera que la junta que le siga recorra el mismo camino de esperanza e ilusión que hasta ahora ha seguido la hermandad.

Con ese sentimiento, Casado guió a todos los devotos bormujeros por las calles de la localidad. La primera parada del cortejo rociero fue en el convento de Santo Domingo de Silos, patrón de Bormujos, donde junto a las dominicas cantaron una salve que llenó de fuerza a los romeros. Allí, las monjas ofrecieron al simpecado un ramo de flores que le acompañará en la carreta durante todo su camino. Pasadas las 11.30 horas, la hermandad se dirigió a la residencia de ancianos para presentar allí el simpecado.

Cuando el sol y el calor marcaban el mediodía, la carreta del simpecado paró ante la casa consistorial donde la alcaldesa de Bormujos, Ana Hermoso, bajó de su jardineras para ofrecerle un ramo de flores. Fue en ese instante cuando mostró su plegaria a la Virgen: «Que se mejore la situación de crisis y que haya trabajo trabajo». Hermoso, que solo acompañará a la hermandad hasta Villamanrique ya luego tiene que volver a sus tareas municipales, deseó a todos los peregrinos tener «un Rocío tranquilo y vivido con mucha fe y mucho amor».

Tras visitar el Ayuntamiento, la hermandad de Bormujos tomó rumbo hacia el Hospital San Juan de Dios donde se reencontraría con los enfermos y el personal sanitario del centros. No sin antes vivir uno de los momentos más emotivos y esperados de la jornada: el reencuentro con su hermandad madrina, la Hermandad del Rocío de Gines. Y, aunque se hizo esperar, todos preguntaban minutos antes del encuentro «¿dónde está Gines?», ya que durante muchos años los bormujeros disfrutaron con esta hermandad vecina de las vivencias del camino.

Entre charrés, jardineras y carriolas, son aproximadamente 30 los vehículos que acompañan a la hermandad, además de las tres carretas tiradas por bueyes. Pero no son la única compañía, también cuentan con la presencia de una representación de la Hermandad del Rocío de Gijón, así como una representación militar del batallón número 4, entre los que se encuentra su teniente coronel, Ignacio Rosales.

Tras recorrer las calles de la localidad que la despidió con fuertes abrazos y grandes deseos, la hermandad de Bormujos tomó rumbo hacia la finca de Lopaz donde pernoctó anoche, tras doce horas de peregrinación, y desde donde hoy parte hacia Villamanrique. Una vez se adentre en la aldea, Casado solo tiene un deseo: «Que la Virgen del Rocío nos ampare con su manto».

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