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Cuatripartito en Cataluña

El debate territorial estallará, si no lo ha hecho ya, una vez desperecen los aún aletargados protagonistas de la arena política. Esto no es una tormenta de verano, será la borrasca de otoño...

el 16 sep 2009 / 07:49 h.

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El debate territorial estallará, si no lo ha hecho ya, una vez desperecen los aún aletargados protagonistas de la arena política. Esto no es una tormenta de verano, será la borrasca de otoño y, si no se corta pronto -quizá de manera inesperada-, agitará gravemente la atribulada legislatura de ZP; también a la oposición. El debate preventivo ante una temida sentencia del TC, no por inesperada, amenaza a casi todos y tendrá un efecto dominó, a la luz de los numerosos intereses involucrados y la cercanía electoral que, paradójicamente, en democracia, desestabiliza la paz civil. Es fácil decir, lo más fácil, que las sentencias del TC, hay que acatarlas, pero menos. La articulación territorial pendiente del Estado está amenazada por la propia imprevisión constitucional, por el centralismo acechante y por la irresponsabilidad del PP, en definitiva, recurrente ante la máxima institución. No parece razonable que el bloque de la constitucionalidad -territorial-, fruto de pactos políticos, con mayúsculas, sea cuestionado por una institución caracterizada por ser la última trinchera de la reacción territorial, correa de transmisión partidaria y principal exponente de la politización de la justicia.

El hecho de que aún no se haya renovado por desacuerdos en los partidos, así lo pone de manifiesto. Pero, ya no es posible volver atrás, otra cosa es volver hacia adelante, llegar a un acuerdo de verdad sobre qué modelo de estado queremos, si es que de verdad queremos el que late en el discurso latido. Con una Cataluña amontillada, algo menos que amotinada, el seny comienza de nuevo a escasear y el 150.2 CE, como solución, vendrá a més a més, sin que los símbolos nacionales catalanes encuentren acomodo. Ante el desconcierto, el PSOE lo tiene mal, pero el recurrente PP no está ni mucho menos mejor. Aún así, lo que más está en juego no es la articulación de Cataluña en el Estado sino la del propio PSOE. La solución de un gobierno de coalición en Madrid es un delirio, uno cuatripartito en Cataluña con el PSOE quizá refleje una necesidad. Ahora, lo peor es mirar el dedo y no la luna- ni bajo la mesa-; otra cosa es mirar al "PSA", pero no se encuentra.

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