Cuatro fragmentos de historia

El parque de la Libertad de Utrera alberga cuatro piezas que recuerdan al muro de Berlín cuando se cumplen 25 años de su caída.

el 10 nov 2014 / 12:00 h.

UtreraEl 9 de noviembre de 1989 se escribía una importante página en la historia. El muro de Berlín, que durante demasiados años protagonizó el paisaje de la capital alemana, empezaba a formar parte del pasado. Ahora, coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de ese acontecimiento, muchas miradas se fijan en aquella ciudad centroeuropea para recordar lo que allí ocurrió. Sin embargo, los vecinos de Utrera  no necesitan centrar su vista en ese rincón germano porque tienen muy cerca una reminiscencia de aquel hecho histórico. El pabellón que Alemania mostró durante la Exposición Universal de Sevilla de 1992 tenía como una de sus principales atracciones los supuestos restos del muro berlinés. Este evento cerró sus puertas y la Isla de la Cartuja contempló la llegada de los operarios que procedieron a desmontar casi todo lo que se había levantado allí para aquellos meses. Entre ellos, se encontraban Luis y Ramón González Parreño. Ambos tuvieron la oportunidad de conocer al comisario del pabellón de Alemania, Detlev Zobel, a quien le preguntaron «si nos podíamos llevar los restos del muro, que él aseguraba que eran auténticos». Sin embargo, no fue una tarea fácil porque eran muchos los interesados en hacerse con esas piezas pero, finalmente, «un día nos llamó y nos dijo que fuéramos a recogerlas». De manos del comisario alemán, ambos recibieron un documento en el que certificaba la entrega de los restos. Al recibir el visto bueno, los dos hermanos decidieron entregar aquellos cuatro fragmentos a la ciudad de Utrera como un regalo. En este sentido, pidieron apoyo logístico al Ayuntamiento, que aportó un camión para recoger el monumento que fue instalado en la plaza que existe tras el antiguo cuartel de caballería, en la calle Catalina de Perea. «En un principio nos dijeron que cuando tuviera lugar la inauguración oficial nos llamarían para avisarnos pero, al final, el muro se dejó de cualquier manera y nadie nos llamó ni nada», explicaron los impulsores del traslado. Desde entonces, aquellas piezas han permanecido en ese enclave hasta que hace pocos años fueron trasladadas al parque de la Libertad. Cuando se anunció aquel cambio, desde el Consistorio utrerano se dijo que se iba a llevar a cabo un acto conmemorativo y se reconocería la labor de ambos hermanos en esta historia, pero tampoco esta vez se realizó ningún evento. De forma paralela a la presencia de estos fragmentos en Utrera, algo que siempre ha venido sobrevolando su historia tiene que ver con las dudas sobre la autenticidad de los mismos. Hay quienes afirman con rotundidad que pertenecen al muro que estuvo en pie en Berlín hasta hace 25 años, pero otros señalan su posible creación en 1992, con motivo de la Expo de Sevilla. En cualquier caso, cuando se instalaron en la calle Catalina de Perea, un rótulo afirmaba que eran originales, lo mismo que ocurre con el quinto trozo de hormigón que estuvo en el acontecimiento que se celebró en la capital hispalense, y que ahora puede verse en el interior del parque temático Isla Mágica, donde otro rótulo asegura su realismo. Pertenece al parque tecnológico Cartuja 93, desde donde han afirmando que «nosotros siempre lo hemos considerado como una pieza auténtica». Pese a ello, hay quienes dicen que no se trata de los restos verdaderos de aquel muro, entre otras cosas por la procedencia de los elementos de los que están compuestos. Así lo afirmaba el arquitecto técnico Antonio García, al señalar que es cierto que «algunos de los materiales que se observan en los fragmentos utreranos no se habían inventado cuando se construyó el muro», allá por el año 1961. Por su parte, desde el Consulado de Alemania en Sevilla hablan de la existencia de un libro publicado por el Centro de Documentación del Muro de Berlín. En él se plasman algunas fotografías sobre fragmentos del mismo, incluidos los que se encuentran en el parque de la Libertad de Utrera, aunque esa misma publicación deja claro que no necesariamente se trata de piezas procedentes del original. Mientras, las dos personas que hicieron posible que esos restos llegaran a la localidad utrerana recuerdan que el comisario del pabellón alemán en la Expo’92 les habló de la autenticidad de los mismos y, por tanto, no dudan de su palabra. Sea como fuere, la importancia de estos cuatro fragmentos no radica exclusivamente en el origen de esta supuesta reliquia histórica. Porque para los utreranos, la presencia de esas piezas en su casco urbano les sirve para tener presentes, de manera permanente, lo que significó aquel símbolo para la historia de la humanidad. Prueba de ello son los curiosos que, de vez en cuando, pasean por el parque y aprovechan para sacar una instantánea de estos fragmentos que, a pesar de su importancia histórica, no se han librado del vandalismo y se encuentran ilustrados con numerosas pintadas.

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