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Cuestión de formas

el 21 mar 2012 / 12:12 h.

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Pocas horas después de que la Universidad de Sevilla comunicara su decisión de levantar una biblioteca central en Eritaña visto el fracaso del proyecto para el Prado, el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, y el rector de la Hispalense, Antonio Ramírez de Arellano, se estrechaban la mano en el despacho rectoral de la calle San Fernando con motivo del pregón universitario. En este breve encuentro protocolario, Zoido prometió al rector según los asistentes que ambas partes buscarán "una solución consensuada y dialogada" al amasijo de hierros que dio tiempo a levantar en los jardines. Los vecinos de Diego de Riaño pidieron a la Justicia la demolición de lo hecho y la restitución del parque a su estado anterior.


Esto mismo, lo de la solución consensuada queremos decir, no es, por otra parte, algo que suene a nuevo. Desde la llegada de Zoido a la Alcaldía, han sido varias las ocasiones, públicas y privadas, en las que el popular ha prometido a la Hispalense que no estaba sola en este barco. Durante muchos meses, ha sostenido que el tema tenía solución, que había opciones de salvar el proyecto. Opciones e incluso una propuesta, a iniciativa del alcalde, que de haberla conocido los vecinos quizás las cosas habrían cambiado (qué lejos aquellos tiempos en los que peatonalizar era cosa del demonio). Pero a la hora de la verdad, nada de esto se ha materializado. Ni siquiera el Ayuntamiento ha consensuado con la Universidad las alegaciones a presentar ante el juez que decidirá si asume la petición de los vecinos de demoler lo ya construido, como un aparcamiento con 80 plazas que podrían repartirse entre los residentes. El Ayuntamiento acatará lo que diga la Sala.

La dilación del Ayuntamiento en definir cuáles eran sus intenciones (podría, entre otras cosas y según la Universidad, haber cambiado el PGOU para justificar como pedía el Supremo la construcción de una biblioteca en el Prado, aunque esta opción se dilataría en el tiempo) ha tenido con las manos atadas a la Hispalense que, sin el apoyo del Consistorio, no tiene margen de maniobra en este asunto. Pero Zoido ha preferido finalmente no moverse un ápice. A los vecinos de Diego de Riaño, a los que apoyó y apoya firmemente la exalcaldesa y voz más que respetada dentro del PP Soledad Becerril, Zoido les prometió estando en la oposición que la biblioteca tenía que cumplir la ley. Ítem más: los que conocen las tripas de este asunto sostienen que el alcalde no ha querido entablar un guerra con Becerril, para la que parar la biblioteca del Prado se convirtió en una cuestión capital. Si en el Prado no hay un Moneo, no habría un Zaha Hadid.

Los acontecimientos de los últimos días, con el plazo para presentar alegaciones a punto de expirar, precipitaron la decisión de Ramírez de Arellano de dar carpetazo, académico que no legal, a este embrollo. Lo de la biblioteca en el Prado pasó ya a la historia. "No se continuará la edificación del proyecto cultural del Prado sea cual sea la decisión de la Sala respecto a la demanda de ejecución", sostuvo el rector en su informe al Consejo de Gobierno. Y como no serán pocos los frentes a los que tendrá que ir el rector a apagar fuegos (a partir del 30 de marzo, cuando Rajoy presente sus presupuestos, hablamos), Ramírez de Arellano ha decidido que la biblioteca central, que se llamará Rector Antonio Machado y Núñez, irá en Eritaña. Se sacrifica así la centralidad que otorgaba el Prado y un diseño de primer nivel.

Ramírez de Arellano ha reconocido sin tapujos que todo lo acontecido en este tema ha tenido "un importante desgaste" en la imagen de la Universidad, aunque deja claro también que se ha "perdido de vista desde el primer momento el auténtico origen de su participación en este proyecto: la necesidad de modernizar las instalaciones y recursos de sus bibliotecas". Defiende, por último, que se firmara la renuncia a reclamar daños al Consistorio en caso de que la obra no pudiera hacerse por causas legales, "una cláusula habitual en las licencias de obra en caso de que conste litigios". La Universidad asegura que no se siente "traicionada" por el Ayuntamiento. Ante todo, no hay que perder las formas.

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