Toros

Cuidado con Pepe Moral

El diestro palaciego cortó dos orejas a un sobrero del conde de la Maza demostrando que aún tiene mucho que decir en el toreo.

el 19 jun 2014 / 23:36 h.

TAGS:

Plaza de la Real Maestranza Ganado: Se lidiaron, por este orden, un toro de Cayetano Muñoz, deslucido; un sobrero del mismo hierro, de más a menos; un toro de Montealto, de poca duración. Otro de Montealto, que se acabó parando. Uno de Cayetano Muñoz, reservón. El sexto fue otro sobrero del Conde de la Maza, algo remiso pero que acabó sacando buen fondo. Matadores: Agustín de Espartinas, de violeta y oro con remates negros, silencio y leves palmas. Antonio Nazaré, de manzana y oro, silencio tras aviso y ovación. Pepe Moral, de crema y oro, vuelta al ruedo y dos orejas. Incidencias: La plaza registró algo más de un tercio de entrada en tarde de agradable temperatura. Los tendidos y la Casa de la Maestranza fueron exornados con reposteros, gallardetes y banderas con motivo de la proclamación de Felipe VI. Pepe Moral. / J.M. Paisano Pepe Moral. / J.M. Paisano La sorpresa lo fue para algunos pero no podía serlo para los que -a pesar del tiempo transcurrido- seguían confiando en las grandes posibiliades de este diestro palaciego que ha sacado lo mejor de sí mismo en estos años de ostracismo. Manolo Cortés, ese Pigmalión de toreros, tiene algo que ver en la forja secreta de este sólido torero que había desaparecido del mundo después de su confirmación madrileña. Pero los que saben seguir el hilo del toreo no podían olvidar aquella faena entregada y firme, vestido de corto, con un torazo de Torrestrella en la portátil invernal de Los Palacios. Allí comenzó un eclipse que no logró doblegar confianzas. Pepe Moral era el tercer espada del empeño. Antes de comenzar el festejo ya sabíamos que el encierro anunciado de Montealto había tenido que ser remendado con dos toros de Cayetano Muñoz, más un sobrero del mismo hierro al que hubo que sumar oun tercer reserva del Conde de la Maza que permitió revelar los mejores registros del diestro palaciego. El torero ya había enseñado las cartas que jugaba con un tercero de buena condición al que le faltaron pilas. Pero Pepe Moral supo mostrarse firme, hondo y profundo en una faena que exprimió a tope las condiciones de ese animal. El trasteo, rotundo, no tuvo el mismo hilo por un pitón izquierdo y a la defensiva que acabó siendo el freno definitivo de los bríos del ejemplar de Montealto, que se acabó parando. La espada tampoco estuvo a la altura pero el conjunto de su labor validó esa vuelta al ruedo que le tuvo que saber a gloria. Algunos pensamos que lo mejor aún podía estar por venir. Pepe se había estirado de verdad al recibir al sexto de la tarde, que fue devuelto después de un mal encuentro con el caballo. No importó. El torero sabía que era la tarde de su vida. Y tenía las teclas necesarias para resolverla. El sobrero del Conde de la Maza no puso las cosas fáciles al principio pero el buen fondo que escondía sólo podía ser extraído gracias a la entrega sin fisuras del torero, que echó la moneda al aire cuando tomó la muleta con la mano izquierda. La faena tuvo dos fases diferenciadas: hubo un primer tramo de toreo rotundo, arriesgado y perfectamente dicho al natural al que siguió un despliegue definitivo, espatarrado, con la muleta arrastrada y el trazo hondo que terminó de convencer a todo el mundo. Pepe resolvió la papeleta, mostró sus enormes posibilidades y llenó de expresión e ilusión una plaza que había sido vestida con sus mejores galas para la proclamación de Felipe VI. El final de la faena, vuelto a la mano izquierda, amarró ese segundo trofeo que estaba cantado en la punta de su espada. Paso y cancha para Pepe Moral. Lástima que Antonio Nazaré -reaparecido de ese complejo percance sufrido en Madrid, la misma tarde que se tuvo que suspender el festejo isidril por heridas de los tres matadores- no tuviera toros para rentabilizar los sinceros esfuerzos que hizo con sus dos enemigos. Se había entregado de verdad con el segundo, que le duró un suspiro. El quinto, violento y bruto, le dio muy pocas opciones aunque volvió a mostrar la calidad de su mano izquierda. Abría el cartel el diestro Agustín de Espartinas, que mató bien a un primero de escasas opciones y mostró pocos recursos con un cuarto que engañó al principio pero que acabó claudicando en la faena. Pasó muy de puntillas...

  • 1