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Culpable de estafa

el 03 oct 2011 / 21:12 h.

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Primero fue Felipe González. Rompiendo el discurso dominante sobre la necesidad de no obsesionarse con el déficit aseguró que frente a esa obsesión debería trabajarse fundamentalmente por el crecimiento. Pero los fundamentalistas del control del déficit insisten en esa necesidad porque ha primado en la consideración de esta crisis la importancia de la deuda, por encima de la importancia del crecimiento. No se trataría de volver a gastar como los nuevos ricos que fuimos por un momento, endeudándonos todos más allá de nuestras posibilidades. Gastar frente a la fe en las medidas inflexibles de ahorro, sería hacerlo para crecer, como medicina contra el paro y para mantener los derechos esenciales, esos que si perdemos acabarán llevándonos, en el caso concreto de España, al país del que venimos, pobre e insolidario, en el que mientras los que podían llevaban a sus hijos y a su familia a buenos colegios y buenos hospitales privados, y los que no podían tenían que conformarse con una escuela pública de ínfima calidad, abandonada de todo favor estatal y una beneficencia que separaba bien claramente a los pobres de todos los demás.

En la conferencia política del PSOE Rubalcaba acabó con una reflexión sobre la dureza del control del gasto. Un control duro y descarnado que nos han impuesto todos los que se mueven en la esfera de la especulación pura y dura y creen más en el dinero de los que se tienen por dueños naturales de él, que en los derechos de las personas. Tuvo tiempo Rubalcaba en el fin de semana para confesar sus "dudas razonables" sobre si España se estará pasando en las medidas de ahorro. Esa reflexión en voz alta que desde luego suena claramente a traición a Zapatero y a sí mismo, en tanto que responsable solidario como miembro del gobierno que es, de esas medidas, al mismo tiempo es un soplo o soplillo de aire fresco en medio de tanto empeño en dejarnos en cueros como tienen algunos. La reflexión vale en tanto en cuanto se profundice en la necesidad de revisar la idea del ahorro con duros programas de austeridad como única salida a la situación. Porque como dice Paul Krugman, si esos programas continúan a piñón fijo no habrá de donde salga el empleo y el crecimiento y el crecimiento y el empleo son vitales para una salida cierta de la crisis. Siguiendo a Krugman es verdad que por ejemplo España, ha pasado de país importador fundamentalmente a ser también país exportador y desde luego que las exportaciones ayudan al crecimiento pero si, como dice el economista americano, los países acreedores también ponen en práctica políticas de austeridad la exportación no crecerá y llegaremos irremediablemente en Europa a una nueva recesión. Guerra a la obsesión por el déficit, debería ser la consigna de todos los ciudadanos frente a unos líderes que alimentan la fortaleza de las pretensiones de los especuladores, con recortes y políticas restrictivas, que están pidiendo a gritos arrojo y coraje para reaccionar en defensa del derecho a la educación de nuestros hijos, la atención sanitaria para todos, las pensiones para nuestros mayores, etc. Quien no se comprometa con una política que proteja esos derechos será nuestro enemigo y quien diga defenderlos y luego, tras ganar las elecciones no cumpla, será culpable de estafa.

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