Cultura

Curro González ante sus mitos

Curro González admite que nunca se ha podido sustraer de sus influencias. Gustave Courbet, Brueghel... y hasta Dylan están presentes en su obra, que revisa y metamorfosea con resultados sorprendentes. El veterano pintor sevillano regresa con su imaginario intacto de la mano de El final de la línea.

el 15 sep 2009 / 17:52 h.

Curro González admite que nunca se ha podido sustraer de sus influencias. Gustave Courbet, Brueghel... y hasta Dylan están presentes en su obra, que revisa y metamorfosea continuamente con resultados sorprendentes. El veterano pintor sevillano regresa con su imaginario intacto a la actualidad pictórica de la mano de El final de la línea, que se inauguró ayer en la galería Rafael Ortiz.

"Lo que me gusta de una idea es darle la vuelta. La posibilidad de transmutación, la metamorfosis de una cosa en otra, que es constante en mi trabajo. Así, cuando todo ha cambiado tanto, te apetece volver y comprobar que ya no es lo mismo". Así habla Curro González -una de las voces imprescindibles para articular el discurso de la contemporaneidad en esta ciudad- de su imaginario, de los maestros a los que siempre recurre y de cómo ellos se le manifiestan adoptando muy diversas formas.

Y es a sus principales referentes a los que dedica esta exposición de título inquietante, El final de la línea, que viene a completar una de las etapas creativas más fecundas de este pintor icono de la Generación de los 80 en Andalucía. Después de su participación en la tercera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Sevilla (Biacs3) como único artista sevillano seleccionado y pendiente de la inauguración en Málaga de la exposición Estudio de noche, González realiza en esta muestra "una relectura de la obra de Gustave Courbet".

La figura de este pintor francés decimonónico entronca directamente con el título de la exposición "porque su atractivo principal es que está al final de una cosa y al principio de otra. Todo lo que vendrá después, la ruptura de la tradición y su choque con la modernidad, proceden de Courbet", explica Curro González, que ha preparado para su regreso a la actualidad galerística de la ciudad 17 pinturas sobre tela, algunas de ellas de gran formato, y una pequeña escultura realizada en barro policromado. González remata su propuesta con un vídeo de un minuto de duración que, "a modo de ensayo", hace un repaso vertiginoso a los temas que trata en la muestra. "Las animaciones hacen más cercanas las ideas, sobre todo a ese público que le cuesta tratar con el estatismo de la pintura", explica el autor, que ha experimentado ya en varias ocasiones con este género.

Obras. Entre las piezas que se cuelgan desde ayer en Rafael Ortiz, el propio artista destaca pinturas de gran formato como Islote o El final de la línea, "que tienen conexión con el trabajo de Courbet sobre el agua y con el mundo claramente sexual del cuadro El origen del mundo". Asimismo, la serie Falsas epifanías reúne un conjunto de cuadros que representan "imágenes sugerentes" que Curro González tenía almacenadas desde hace tiempo -tanto en fotografías como en su mente- y que ahora se le han revelado "como una epifanía, algo que viene inesperadamente", explica el pintor.

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