Cultura

¿Danza o mudanza?

CRÍTICA. Acostumbrismo. Una romería a Saint-Tropez, de la compañía MOPA.

el 11 jul 2013 / 23:10 h.

TAGS:

  • Obra: Acostumbrismo. Una romería a Saint-Tropez (*)
  • Compañía: Mopa
  • Creadores en escena: Clara Tena, Élida Dorta, Juan Luis Matilla y Fran Torres
  • Creadores invitados al proceso: Manuel León Moreno, Thomads Hauert, Juan Domínguez y Roberto Martínez
  A lo largo de su corta, pero intensa trayectoria profesional, la sevillana compañía de danza contemporánea Mopa se ha ido adentrando de lleno en el terreno de la performance con el objeto de mostrar en escena el proceso de creación de sus espectáculos, que se distinguen por elaborar un trabajo de investigación musical y escénica donde la danza ha ido cediendo su protagonismo en favor del humor, la música y un discurso teatral. Era cuestión de tiempo que llegara, como le ocurre a esta propuesta, al extremo de acabar desapareciendo del todo. La obra parte de una reflexión sobre cómo nuestras tradiciones culturales pueden llegar a suponer un lastre, un freno para el desempeño de la actividad creativa y artística en nuestra tierra que nos condena a detenernos en el tiempo. Para reflejar esta idea la puesta en escena se sirve toda una gama de utensilios y objetos que representan iconos típicos y fácilmente reconocibles. Su manipulación da lugar a una serie de acciones con las que los intérpretes, a los que les gusta definirse como creadores en escena, recrean un espacio escénico caótico, salpicado con gotas de un humor absurdo impregnado de ingenuidad que nos augura un espacio de disfrute al principio del espectáculo. Pero por desgracia, la propuesta se queda en un mero torrente de acciones que no llegan a elaborar un discurso coherente. Los intérpretes se limitan a dispersar, amontonar y volver a dispersar los objetos mientras se reproducen diferentes fragmentos musicales que intencionadamente son tratados para que no suenen bien. De esa manera, el espacio escénico se colma de imágenes feas y acciones reiterativas, hasta que llega un momento en que el espectador no sabe si está asistiendo a un espectáculo de danza o a una mudanza. Aunque lo peor de todo es que, más que trasgredir, todo ese despliegue de acciones sin sentido nos acaban aburriendo.  

  • 1