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Danza trascendental

el 09 mar 2013 / 20:44 h.

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Tras un período en el que la danza contemporánea se adentró en las corrientes conceptualistas, hasta el extremo de llegar a proponer  “la no danza”, afortunadamente parece que las figuras y compañías más significativas de esta hermosa disciplina vuelven a proponer espectáculos en los que prima, por encima de todo, el baile. Esta nueva obra de Emanuel Gat es un claro ejemplo.

Se trata de una propuesta coreográfica compleja, que aúna el espíritu irreverente y rebelde de la danza contemporánea con el carácter ritual de las danzas tribales. Así, la coreografía desarrolla un sinfín de movimientos figuras complejas que van de la descomposición de la forma, a la líneas verticales de algunos pasos clásicos que ceden a la disociación, típica de las danzas populares orientales,  en el movimiento de brazos y manos.  El resultado es una suerte de danza abigarrada y trascendente que encuentra su máxima expresión en los números grupales que dominan la primera parte del espectáculo, cuando los nueve bailarines confrontan sus cuerpos en silencio, con un hermoso juego de encuentro y desencuentro realzado por el tratamiento expresionista de la iluminación, que supone un hermoso ejercicio de trasgresión que incluso se atreve a dejar el escenario totalmente a oscuras en algunos momentos.

Pero, debido a su impronta ritual, la coreografía se va decantando por una secuencialidad que abusa de los parones y la reiteración, manteniendo siempre el mismo tono por lo que el ritmo del espectáculo se resiente, el baile se dirige hacia el terreno de la saturación y no acaba de conmocionarnos. Por fortuna los seis bailarines y las tres bailarinas que componen el elenco abordan su interpretación con una encomiable entrega y limpieza técnica, así como con una auténtica capacidad de transmisión.

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