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David López Panea vuelve al paisaje en 'Peinture GP'

El artista sevillano regresa al paisaje desértico -reinterpretado en esta ocasión por la pertinente voluntad del color- en Peinture GP, una "aventura artística", como él mismo asegura, financiada por el programa Iniciarte de la Consejería de Cultura, y que desde ayer puede verse en la galería Birimbao de la ciudad.

el 14 sep 2009 / 22:53 h.

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El artista sevillano regresa al paisaje desértico -reinterpretado en esta ocasión por la pertinente voluntad del color- en Peinture GP, una "aventura artística", como él mismo asegura, financiada por el programa Iniciarte de la Consejería de Cultura, y que desde ayer puede verse en la galería Birimbao de la ciudad.

Ya en su última exposición, Gran poder, realizada en marzo de 2007, David López Panea (Sevilla, 1973) se adentraba en los valores metafísicos del paisaje lunar del poniente andaluz, al que parece que su pincelada ha quedado indisolublemente unida. El pintor, que reconoce que le costó entrar a comprender este paisaje, "tan hostil en un principio", recurre de nuevo a él en Peinture GP, una muestra inaugurada ayer tarde en Sevilla, donde el artista exhibe el resultado del trabajo realizado en la provincia de Almería en primavera de 2007, "una aventura" que fue financiada gracias a las becas Iniciarte de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Se trata de un conjunto de piezas de diversos formatos (fundamentalmente lienzos de 200 x 150cm y 100 x 80, que representan las montañas del Cabo de Gata).

Vuelve aquí David López Panea a su pincelada suelta y de carácter expresionista, en la que se detecta una tendencia reduccionista, con una clara deriva hacia el simbolismo. Desde el año 2004 viene dándonos en sus exposiciones colecciones basadas en sus experiencias de pintura al aire libre; como pudo verse en la ya citada Gran poder (La Matriz: Galería taller El Pasaje, Sevilla, 2005), Lejos (Wizytujaka galería, Varsovia, Polonia, 2007) o Memoriales (Neilson Gallery, Grazalema, Cádiz. 2007).

"Yo pinto montañas vistas desde otras montañas. Es un trabajo de igual a igual, desde su misma altura, donde casi se puede sentir la voluntad de esa mole de piedra", explica Panea, que reconoce cierto halo "de misticismo y religiosidad" en el acto de pintar en medio de la naturaleza. Es un trabajo "agotador", reconoce el pintor, que para dar fe de ello, muestra las fotografías de los escarpados paisajes que subía y bajaba cada día durante tres meses acompañado de todos los útiles de la pintura.

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