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De bregado comunista al papel institucional

el 04 may 2012 / 21:28 h.

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Hace ya casi una década de su última intervención, pero en los plenos del Ayuntamiento de Málaga, mientras se ajustan los micrófonos y el debate languidece, todavía se recuerdan algunas de sus anécdotas. Rafael Rodríguez, Fali, como se le conoce en la política malagueña, fue un concejal carismático, especialmente dotado para el diálogo directo y la ironía. Durante años se le vio en los pasillos, conversador, acompañado de la pipa y de una barba a la que muchos, abusando del tópico, calificaban de trotskista. Fali resultó uno de esos líderes de IU que conectan rápidamente con los vecinos. Resta saber si estas virtudes, sumadas al resto, servirán para gobernar una consejería como la de Turismo.

En su carrera, Rafael Rodríguez se ha visto ya obligado otras veces a reinventarse. Más en cargos que en tesituras. En Málaga, ocupó la vicepresidencia de la Diputación, a la que prosiguió la concejalía y la retirada a la retaguardia de la política, con títulos menos mediáticos en instituciones como el Consejo Consultivo y la Cámara de Cuentas de Andalucía. Ahora, propulsado por su predicamento en el partido, vuelve a las trincheras, aunque esta vez desde una posición radicalmente distinta.

Fali tiene un talento innegable para el ataque y la oposición, pero sigue siendo una incógnita en el papel de fajador, que tendrá asumir por partida doble: primero, para contentar a un sector exigente y, en segundo término, para defenderse de un Parlamento dispuesto a morder, con decenas de representantes del Partido Popular.
En cualquier caso, el escenario no le será extraño. Rafael Rodríguez se convirtió, en 1987, en el parlamentario más joven de Andalucía y sin necesidad de padrino. Fali no proviene de una familia de políticos, aunque ingresó rápidamente en las Juventudes Comunistas. La primera vez que trasteó con la butaca del Parlamento todavía no había acabado la carrera de Derecho, que cursó en la Universidad de Málaga.

Con fama de trabajador, el nuevo consejero de Turismo se considera tímido, a pesar de que en el instituto ya buscaba los megáfonos para agitar contra las políticas de la UCD. Ayer otro gobierno, el del PSOE e IU, le dio la noticia del nombramiento, que le agarró, precisamente, de vacaciones. Un buen augurio para un mandatario amigo de la música de los cantautores que se enfrenta al que quizá sea el mayor reto de su trayectoria. O al menos, el más diferente.

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