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De cómo el ‘barón’ se convirtió en sospechoso

Ninguna de las acusaciones han dejado a Camps desarropado.

el 12 may 2010 / 20:33 h.

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Camps está hoy más cerca de ir a juicio que hace dos días, si bien, a juzgar por la reacción ayer de su partido, sigue igual de lejos de la dimisión.
Todo empezó el 19 de febrero de 2009 cuando, pocos días después de estallar el caso Gürtel, se relacionó por primera vez al presidente valenciano, Francisco Camps, con la trama. Ya aquel día, el líder del PPCV compareció, arropado por todo su Gobierno, para desmentir culpa alguna. Hoy, después de haber dado un paso significativo hacia el banquillo, sigue igual de arropado por el PP.


Hace casi un año que el president compareció ante el juez para asegurar que pagó todos los trajes que supuestamente le regaló la red de Correa y, a lo largo de estos 12 meses, los populares han interpretado su imputación de una forma totalmente distinta a como lo hacían los jueces y, por supuesto, los socialistas. Hace unos días, sin ir más lejos, Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, le situaba como candidato para las próximas autonómicas "diga lo que diga la Justicia" y ayer mismo el líder regional fue recibido con aplausos por su Ejecutiva -no acudió Ripoll, hasta el barón de los barones tiene enemigos-.


Ya hace un año, cuando acudió ante el juez, un Camps visiblemente sonriente declaró acompañado por sus tres vicepresidentes, así como por una no menos risueña Rita Barberá. Aquel 20 de mayo Camps estaba, además de imputado, "muy contento y satisfecho". Ayer, tras volver a la senda que desemboca en el banquillo, parecía seguir estándolo.


Ya antes de su comparecencia ante el juez, el 6 de marzo del año pasado, un mes después de estallar el caso, todos los afiliados del PP valenciano citados en los autos de Garzón como imputados solicitaron su baja cautelar de militancia, a excepción de Camps y Costa, que fue suspendido meses más tarde. En abril del mismo año, el TSJ de Valencia se declaró competente para asumir las investigaciones de los hechos que afectaran a Camps, Ricardo Costa (ex secretario general del PPCV), Víctor Campos (ex vicepresidente del Gobierno valenciano) y Rafael Betoret (ex jefe de Gabinete de la Consejería de Turismo de Valencia).


Dos días después la investigación llegó a uno de sus momentos más escandalosos, cuando grabaciones de la Policía acreditaron que Camps era íntimo de El Bigotes, o al menos le quería "un huevo". A todo ello,Rajoy contestó con un multitudinario acto de apoyo celebrado en la plaza de toros de Valencia con motivo de las elecciones europeas. El 22 de junio de ese mismo año llegaron noticias esperanzadoras, cuando el TSJ rechazó ampliar la investigación más allá del delito de cohecho impropio. Y las buenas expectativas quedaron colmadas cuando, unos días después, el tribunal acordó el sobreseimiento libre de la causa. Rajoy, mientras tanto, seguía ahí. Pero ayer, como se suele decir y pese al optimismo en el que Camps ha encallado, su gozo en un pozo.
En cualquiera de los casos y al margen del sobreseimiento temporal de la causa, los sucesivos autos del juez han reconocido que tanto Camps como Costa, Campos y Betoret adquirieron diversas prendas de vestir abonadas por Orange Market, empresa ligada a la trama en Valencia. En el caso de Camps, concretamente, fueron regalos por valor de algo más de 12.000 euros sólo en ropa. Con la apertura del secreto de sumario cayó Costa, pero Camps se quedó.

Nada de lo ocurrido ha conseguido debilitar el apoyo de Rajoy a su barón, que ya le ha dado al PP dos mayorías absolutas y parece seguir gozando de la simpatía de los valencianos. Ni siquiera la decisión del Supremo de ayer ha abierto grietas en las filas cerradas de los populares. Pero siete trajes; cinco americanas a medida; un esmoquin; dos pares de zapatos de piel de potro; cuatro corbatas y "algún pantalón" siguen empañando el historial del líder valenciano y la sombra de la financiación ilegal continúa dando oscuridad a la gestión de su partido. Si el barón sigue y, como le ha prometido su presidente, vuelve a ser candidato, serán las urnas las que decidan si los regalos cuestan caros.

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