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De ‘compis’ a socios

Más de mil alumnos crean sus propias cooperativas con sede en sus colegios.

el 18 dic 2011 / 22:12 h.

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Andrea (sobre la mesa) e Isabel presiden dos cooperativas que fabrican broches, marcapáginas y pulseras.

Isabel tiene 11 años y es empresaria. Preside la cooperativa Los Puestecillos de Sexto, formada por 28 socios y cuya sede social está en el aula de 60 B del colegio Antonio Gala de Dos Hermanas. Fue elegida para el cargo en votación secreta en la asamblea de socios, como marcan los estatutos. En éstos se fija también el capital inicial –84 euros a razón de tres euros por socio–, el objeto de actividad –“fabricar artículos para venderlos y la creación de talleres o rincones de producción”–, que cada tres meses se presentar en asamblea los “informes de cuentas” y que los beneficios –el dinero recaudado por la venta menos la inversión inicial y un 15% de impuestos–, irán destinados una parte a apadrinar niños del Tercer Mundo y el resto a una actividad que los socios decidirán. “El año pasado nos fuimos al cine y luego al Mc Donald, y da mucho gusto salir y en vez de pedir dinero a tus padres pagártelo con el fruto de tu trabajo”, relata Isabel.

El año pasado, Isabel era socia de base de Los Puestecillos de Quinto, precursora de la empresa que ahora preside. En 60A hay otra cooperativa con 27 socios, Gala Project, que dirige Andrea. Al principio competían por fabricar y vender más pulseras, marcapáginas, broches, lapiceros, etc… pero comprendieron que comprando juntas los materiales les salen más baratos y les conviene la fabricación en cadena.

Isabel y Andrea son dos de los más de mil alumnos sevillanos de entre 10 y 14 años que integran una treintena de cooperativas escolares, en el marco de un proyecto subvencionado desde hace seis años por la Consejería de Innovación, a través de Andalucía Emprende y con la colaboración de Educación y Empleo, para fomentar la cultura emprendedora desde la escuela. La idea surgió, copiada de una experiencia realizada en Asturias, de la Asociación Andaluza de Centros de Enseñanza de la Economía Social (ACES), que aglutina a 134 cooperativas de colegios en Andalucía (56 en Sevilla), aunque ya se ha extendido a los centros públicos.

La imagen del empresario. “En Andalucía, nos hemos encargado de denostar al empresario, a veces porque se lo han buscado, y es una pena ver a alumnos de Secundaria desprestigiar esta figura. Pero para salir adelante hay que crear empleo, no todos podemos ser funcionarios”, explica María Luisa Ripoll, coordinadora regional del proyecto, que tiene dos líneas de trabajo: Emprender en Mi Escuela (EME), dirigida a Primaria, e Ícaro, enfocado a Secundaria. Este curso comienza una tercera, Égida, que busca que empresas reales patrocinen y asesoren a las cooperativas escolares. Las cooperativas de Primaria son manufactureras, dedicadas a producir bienes, y las de Secundaria ofrecen servicios que benefician a la comunidad, desde grupos de música o teatro a organización de eventos deportivos, investigación o patrullas de limpieza como la que recorre el patio de recreo del Antonio Gala sacando fotos-denuncia de la basura que cuelgan en las clases para sensibilizar y concienciar. “Sin reñir ni nada, han reducido los papeles en dos semanas”, cuenta Antonio del Pino, jefe de estudios y coordinador de las cooperativas del centro nazareno.

Pionero. El colegio Antonio Gala fue el primero en implantar este programa en sus aulas y hoy cuenta con nueve cooperativas (cuatro de Primaria, cuatro de Secundaria y una matriz que coordina y apoya a las demás, además de producir sus propios bienes y servicios). En este centro, los recreos y las horas de tutorías se utilizan para que los socios se reúnan, redacten sus normas, elijan sus cargos, elaboren sus presupuestos y comiencen a producir, con vistas a los mercadillos que entre abril y mayo se celebran en Málaga y Sevilla para poner a la venta lo producido por todas las cooperativas creadas en los colegios andaluces que participan. El año pasado, en toda la comunidad se crearon 138 empresas con 3.694 socios. Eso sí, los productos pasan un “control de calidad”. Los que tienen fallos no se venden. Para poner el precio, los socios tienen en cuenta el coste de los materiales y el tiempo empleado. Y cada producto va etiquetado con el CIF de la cooperativa que lo fabrica.

En el Antonio Gala, las cooperativas han asumido trabajos para los que antes el centro contrataba a empresas externas. “Los niños se han hecho los amos del colegio”, ironiza Del Pino. Es el caso de las fotos enmarcadas que se hacen las clases por Navidad o Carnaval, que ahora realiza la cooperativa matriz Escuela Viva, que dirige Elena, de 11 años, tras ganar unas disputadas elecciones entre cuatro candidaturas. Todo pasa por ella, desde los permisos para usar las salas disponibles para las reuniones de los socios o los talleres de producción hasta posibles préstamos que necesitan otras cooperativas. Otra empresa, Pifuin, ha asumido la edición de la revista Galería del colegio. Alicia, de 12 años, la dirige, al igual que el boletín mensual donde cuentan “las actividades que hacemos, si vamos de excursión”. Empezó con una página y ahora tiene diez, se vende a 0,80 euros y en él se anuncian los proveedores del colegio. Los beneficios se reinvierten en las fotocopias del siguiente número. Pifuin edita también un periódico hecho por alumnos de varios colegios de Dos Hermanas que paga el Ayuntamiento, y colabora con cooperativas de Secundaria al editar, por ejemplo, los libretos de las obras de los grupos de teatro.

Y es que, el programa no busca captar talentos para convertirlos en empresarios competitivos sino fomentar la economía social y el trabajo en equipo, la responsabilidad de formar parte de un proyecto que depende de que cada uno cumpla su papel. “Es muy importante la participación del alumnado en la vida de los centros. Se habla de que los niños son pasotas pero hay que darles un papel”, subraya Ripoll, que además pone en valor cómo aprenden matemáticas al calcular los presupuestos, ortografía redactando una revista y hasta idiomas al tratar de colocar su mercancía a los turistas durante el mercadillo.

Si en el mundo real la mayoría de las empresas están dirigidas por hombres, entre las cooperativas escolares dominan las niñas. “Son mucho más activas, se comprometen más, los niños no quieren sacrificar parte de su tiempo de ocio”, coinciden Ripoll y Del Pino. Elena e Isabel lo corroboran. “Muchas veces tenemos problemas para que vengan a la reunión, porque hay niños que prefieren jugar al fútbol”, cuenta Elena. Los estatutos de las cooperativas lo dejan claro: entre los motivos de expulsión de los socios está la “pasividad en el trabajo encomendado”, así como las “conductas contrarias a la convivencia” o la “rotura o deterioro premeditado de productos o materiales propiedad de la empresa o de otras cooperativas”. Eso sí, la readmisión siempre es posible previa “solicitud de compromiso” que debe aceptar la Asamblea.

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