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De Guantánamo al Parlamento

Varios ex talibanes ‘convertidos’ a la democracia se presentan a las elecciones.

el 16 sep 2010 / 19:18 h.

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Mujeres policías afganas hacen prácticas de tiro.

Aunque la insurgencia ha llamado al boicot, entre los 2.556 candidatos a un escaño en el Parlamento afgano en los comicios de mañana hay un puñado de ex talibanes e integristas que, tras su paso por Guantánamo o Bagram, se han convertido a la causa de la democracia.

Entre ellos están el mulá Rocketi, un comandante talibán retirado que ya se presentó a las presidenciales de 2009, o el mulá Kalam, en Logar (este), un hombre de mala reputación que pasó siete años en la cárcel de la base estadounidense de Bagram. También dio con sus huesos en la cárcel, en su caso la de Guantánamo, el ex comandante Ezatulá Nasrat, que se presenta ahora a las elecciones para acabar, dijo a Efe, con la "injusticia" que los norteamericanos han traído a Afganistán. Nasrat luchaba con el Hizb-e-Islami, grupo liderado por Gulbudín Hekmatyar, líder del grupo muyahidín más favorecido por EEUU y Pakistán durante la guerra contra la URSS que hoy mantiene la lucha contra los estadounidenses y notable influencia en el este afgano.

Tanto el Hizb-e-Islami como el movimiento talibán han llamado esta semana, en sendos comunicados, a boicotear las elecciones y mantener la yihad contra los invasores. "Ellos entran de noche en las casas, arrestan a los ciudadanos sin razón alguna y los llevan a la cárcel. Allí están durante años sin que se mire su caso y, cuando quedan en libertad, sólo reciben un lo siento por el error", dijo a Efe el barbudo Nasrat.

El plan de karzai. El candidato, que se define como un "hombre simple" cuyo lema es "ley islámica, justicia y prosperidad", fue detenido por las tropas estadounidenses en 2003 y pasó seis años en Guantánamo, donde coincidió con su padre, hasta su puesta en libertad el año pasado. Con 45 años, Nasrat regenta una gasolinera en el distrito de Sarobi, cerca de la capital. Ejemplos como el suyo de hombres que abandonan las armas alientan al presidente afgano, Hamid Karzai, para seguir adelante con su plan de reconciliación, con el que pretende reinsertar a 36.000 insurgentes en cinco años. Dotado con 784 millones de dólares de fondos internacionales, de momento EEUU ha gastado apenas 200.000 dólares y desde abril sólo han vuelto al redil del Gobierno unos cien insurgentes.

No hay que olvidar que en esta campaña, los talibanes han asesinado a cuatro candidatos y, en áreas del sur y este del país, grupos de integristas han ido casa por casa intimidando a los votantes para fomentar la abstención. Por ello, el problema de la seguridad es una gran preocupación, aunque las autoridades afganas aseguran estar listas para garantizar, junto a la fuerza de la OTAN, la seguridad durante las elecciones.

Para ello, según el portavoz del Ministerio de Defensa, Zahir Azimi, Afganistán movilizará a 140.000 soldados, 100.000 policías y varios miles de espías, todos ellos con el apoyo de los 150.000 soldados de la fuerza ISAF de la OTAN presentes en todo el país. "Todas las tropas de la ISAF estarán en alerta total, desde luego. Nuestras fuerzas se han organizado en apoyo de las fuerzas afganas por todo el país", dijo el subcomandante de la ISAF, Wayne Detwiler.

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