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De guardia ante el maltrato

Cada día decenas de mujeres solicitan algún tipo de medida de protección contra su pareja sentimental

el 11 dic 2010 / 18:04 h.

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Carmen explica los hechos que le llevan a pedir la orden de alejamiento.

Son las diez de la mañana y Carmen llega nerviosa al Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 3. El día antes acudió a la Policía Nacional para interponer una denuncia contra el que había sido su pareja ocho años. La relación cesó hace ocho meses, pero según relata las llamadas amenazantes a ella y a su familia no cesan y por eso ha solicitado una orden de alejamiento. "Ya no sé de qué es capaz", dice en su declaración ante la juez.


Desde hace dos años los juzgados de violencia sobre la mujer realizan un servicio de guardia, en el que cada día tienen que atender las denuncias que les llegan tanto aquí como a la policía y a la Guardia Civil, y a los detenidos. Los cuatro juzgados hacen por turnos tres días seguidos de guardia de nueve de la mañana a nueve de la noche, durante las cuales tienen que resolver las solicitudes de órdenes de protección y casos que serán juzgados en los llamados juicios rápidos.


Carmen pasa al despacho de la titular del juzgado, Rosario Sánchez. En el interior le esperan la fiscal, su abogada y el de su ex pareja. La magistrada comienza a preguntarle, mientras el funcionario toma todos los detalles de la declaración de la que levantará acta la secretaria del juzgado. "Fui yo la que puso fin a la relación, todas las semanas me decía expresiones vejatorias, que con los años fueron más frecuentes", explica Carmen a las primeras preguntas de la juez. La joven ha acudido al juzgado porque su ex, tras supuestamente amenazarle con que "iba a reventarle la cabeza" a su padre y con "amargarle la vida" a éste, supo que había ido a visitar a su progenitor. Éste fue el detonante para hacerla reaccionar.


Con este relato inicial que consta en la denuncia interpuesta ante la Policía Nacional, la intención del juzgado es tomarle declaración a ella y a su pareja para decidir sobre la orden de alejamiento solicitada, que el fiscal califique los hechos y, en caso de que exista indicios de delito, darle fecha para celebrar la vista en un juzgado de lo penal. En cualquier caso, estos juicios rápidos, "se están fijando para dentro de seis meses y eso es hasta pronto", se lamentan al respecto en el juzgado.
Pero el relato de Carmen esconde algo más que una simple amenaza. "En el puente de febrero estábamos en Barcelona, discutimos y levantó la cama del hotel conmigo encima y me tiró al suelo", cuenta. La mirada de la juez cambia, más aún cuando la joven asegura que tuvo que ir en una ocasión a un centro de salud: "Me había dado dos puñetazos en las costillas y no se me quitaba el dolor, creía que tenía algo roto, pero no dije que había sido él". Un error por parte de la víctima, porque si hubiera indicado que fue por una agresión de su pareja se habría iniciado el protocolo de actuación por parte de los médicos. Otro dato importante: hay un posible testigo de unas de las agresiones. "Me empujó cuando estábamos en el gimnasio, se pasó hasta el punto de que una chica me lo dijo cuando salí a la calle", recuerda.Su declaración termina y la joven se marcha a la sala de espera para que no se cruce con su pareja, que finalmente ha sido localizada y citada a declarar. La magistrada y la fiscal ya tienen clara una cosa: "Hay que investigar". Esto supone que el caso ya no se tramitará como un juicio rápido. "Tenemos un posible testigo que debemos intentar encontrar y también un parte médico que daría verosimilitud a su testimonio", explica la juez. Es de las jueces que creen que si existe la posibilidad de demostrar un maltrato continuado, "hay que intentarlo". El siguiente paso es escucharlo a él, ver su reacción y comprobar quién cuenta la verdad. Su abogado solicitó que este periódico no estuviera presente en su declaración. Lo que sí confirmamos es que finalmente el juzgado otorgó la orden de alejamiento para este caso."Es complicado decidir si otorgar una orden de alejamiento o no, porque estás privando de libertad, pero hay unos determinados elementos físicos, gesticulares, que te hacen ver que una persona está diciendo la verdad. Otra cosa es que pueda estar exagerando los hechos, por eso tenemos que calibrar muy bien los datos", apunta magistrada.

La primera orden del día dictada, que ahora hay que notificar a las autoridades policiales, y en la puerta de su despacho ya le espera otra historia. Elena es ya una vieja conocida, tiene un juicio pendiente con su ex marido por una agresión mutua, pero ahora ha decidido denunciarlo. "Va todos los días a casa con la excusa de los niños, pero al minuto ya me está insultando", narra. "No está bien de la cabeza, me da miedo", prosigue Elena.


Ella ha solicitado una orden de protección con medidas penales y civiles, es decir, no sólo implica el alejamiento, sino también una decisión sobre los hijos y el uso de la vivienda. En este caso es necesario su comparecencia, que no es obligatoria si sólo se reclama el alejamiento, sin embargo no es posible localizarlo y la decisión del juzgado queda postergada a que él declare. "La única opción que tenemos es citarlo a través de la policía y esperar", indica la juez. En caso de que al final no lo encuentren, el juzgado sólo podrá resolver sobre la medida de alejamiento. "Me va a quitar del medio, lo dice siempre y se lo ha dicho a mi amiga" -insiste Elena- "y mi hija se hace caca encima cuando ve llegar al padre". Por ahora, ella se marcha con el móvil en la mano, a la espera de recibir noticias del juzgado esa misma tarde.

El perfil. No existe un perfil marcado de la mujer que acude al juzgado a poner una denuncia por maltrato. Por el despacho de los jueces desfilan mujeres de todas las edades, desde menores hasta ancianas. No obstante, sí es cierto que existe un grupo de edad más habitual, que es el que va desde los 25 hasta los 40 años. “Tendemos a creer que el maltrato es más propio de personas mayores que han sido educadas con otros valores, pero no es así: aquí tenemos casos hasta de menores, que no reconocen que son vejadas constantemente por sus parejas y casos de chicas que con 18 años llevan varios siendo maltratadas”, explica la magistrada Rosario Sánchez.

Más que perfiles de víctimas, sí se puede establecer un tipo de maltratador. Por ejemplo, las vejaciones psicológicas son más propias de un agresor de una clase social alta, o al menos con estudios. “Suelen ser gente inteligente, con nivel, que en un principio son más sutiles y poco a poco van destruyendo a su ”, explica al respecto la secretaria del juzgado, María Ángeles Carmona.

En cambio, el maltrato físico se da en todas las capas sociales y a todas las edades, pues “responde a un carácter violento y muchas veces el que comienza siendo un maltratador psicológico, acaba golpeando un día a su pareja cuando ésta ya tiene machacada la autoestima”, indica. 

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