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De Juana, desprecio y ley

Si no hay novedad, el etarra Iñaki de Juana Chaos, de 53 años, saldrá hoy de la cárcel tras cumplir una condena de 21 por los crímenes que cometió y que costaron la vida a 25 personas. Ya estuvo a punto de dejar la prisión, pero una sentencia por incitación al terrorismo sirvió para aumentar su condena otros tres años y apaciguar el escándalo social provocado...

el 15 sep 2009 / 09:06 h.

Si no hay novedad, el etarra Iñaki de Juana Chaos, de 53 años, saldrá hoy de la cárcel tras cumplir una condena de 21 por los crímenes que cometió y que costaron la vida a 25 personas. Ya estuvo a punto de dejar la prisión, pero una sentencia por incitación al terrorismo sirvió para aumentar su condena otros tres años y apaciguar el escándalo social provocado por la puesta en libertad de un asesino que en este tiempo no se ha arrepentido de uno solo de sus horribles crímenes y que incluso escribió una carta en la que explicaba que brindó con champán al conocer la muerte del concejal del PP Alberto Jiménez Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz.

"Sus lloros son nuestras sonrisas y terminaremos a carcajada limpia", escribió. Es lógico que la sociedad asista con espanto y absoluto desprecio a la liberación del etarra. Si se dividen los años de prisión entre las víctimas causadas por este sanguinario, la media no sale ni a un año de cárcel de efectivo cumplimiento por cada una de esas muertes.

Teniendo en cuenta que fue condenado a 3.000 años, resulta normal que la gente no digiera fácilmente que salga a los 21. De Juana tiene derecho a vivir en libertad, pero las autoridades judiciales deben estar permanentemente atentas para que su patrimonio se destine a indemnizar a las familias de las víctimas a las que tanto daño hizo y, sobre todo, para que su comportamiento no ofenda lo más mínimo a los ciudadanos de bien y mucho menos a las familias de las víctimas.

El mismo Estado de Derecho que nos ayudará a acabar con ETA es el que le ampara. Pero algo falla cuando estas situaciones provocan tal grado de rechazo contra un asesino. Por eso es necesario acometer las reformas legales posibles dentro de ese mismo Estado de Derecho para que el peso de la ley caiga sobre aquellos que ni siquiera en la cárcel, piden perdón por sus crímenes ni se integran en la sociedad.

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