Cultura

De la elegancia a la vaguedad

Arcángel volvió a desaprovechar otra oportunidad en la Bienal

el 29 sep 2010 / 19:18 h.

Momento en el que Arcángel tomó su guitarra para tocar junto a José Antonio Rodríguez.
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Decía hace unos días que la Bienal está creando a un público nada exigente, que responda en taquilla y tenga la misma actitud escuchando lo que le programen cada noche. O sea, que lo digiera todo sin rechistar. No interesa un público preparado, de ahí que llevemos unos cuantos conciertos con programas de mano en los que no aparece el repertorio, algo fundamental en un concierto de música.

En el recital de Tomatito no aparecía ni siquiera el cuadro de acompañantes, lo que ya es una falta de respeto intolerable para los profesionales.

Siempre se entenderá mejor un espectáculo si el que asiste sabe lo que interpretan los artistas, porque, aunque les parezca increíble, algunos no saben distinguir una cartagenera de una taranta. Y no me refiero sólo al capataz de la Bienal. Mientras menos sepan, mejor, dirán los organizadores. Y como los artistas tampoco dicen ya lo que van a interpretar, como han hecho siempre, así nos luce el pelo.

El flamenco es un arte donde es muy fácil dar gato por liebre, de ahí que en esta Bienal hayamos visto espectáculos mediocres con el teatro puesto en pie, lo que no deja de ser un chollo para los artistas, quienes parecen aprobar esta política de racanear la información. Ni siquiera les interesan las críticas que señalan defectos, sólo trabajar mucho y ganar jurdó en abundancia.

La noche del martes tampoco constaba el repertorio en el programa de mano de F2, el espectáculo del cantaor Arcángel y el guitarrista José Antonio Rodríguez. Más que el nombre de una obra de flamenco, parece el de un caza americano. Pero el nombre es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que Arcángel ha vuelto a desaprovechar una nueva oportunidad en la Bienal de Flamenco, con un espectáculo en el que su preciosa voz siempre estaba como en un segundo plano, por debajo de la guitarra y del resto de instrumentos, en un volumen superior al de la voz.

Por otra parte, sorprende que en la rueda de prensa previa al concierto José Antonio Rodríguez dijera que "ni yo lo acompaño ni él me pone la voz", y es lo que hicieron toda la noche, si no me equivoco. Arcángel se esforzó en las solares apolás de Mairena y Camarón y en unas seguiriyas trianeras a ritmo, pero quedaban poco menos que como mero adorno de la orquesta.

Sólo impuso su voz en las bulerías que le cantó al maestro Antonio Canales, de pie, como en una improvisada reunión callejera, en la que metió en este compás un fandango prodigioso que el público aplaudió con fuerza.

Ni siquiera en los fandangos de El Gloria y de su tierra, el de Huelva se mostró como en otras ocasiones. Apenas pudo con el cané de Alosno, porque le resultaba complicado subir la voz por encima de tantos instrumentos.  Y en las alegrías que le bailó a un Canales inspirado le ocurrió tres cuartos de lo mismo. Hizo también una especie de canción tocando la guitarra con José Antonio Rodríguez, con tercios de trillas, pero era sólo eso, una canción. O sea, que nos vinimos sin disfrutar de su cante como en otras ocasiones.

Al terminar el espectáculo, un gran aficionado de Arahal, amigo además de Arcángel, definió su actuación con una lacónica y sentenciosa frase: "He echado de menos a Arcángel". Después de esto, casi no tiene sentido que sigan leyendo esta extensa crítica. ¿No creen?

José Antonio Rodríguez dominó el concierto por completo, aunque la frialdad de la puesta en escena y un sonido nada bueno apenas nos dejaron gozar de tan buen guitarrista de concierto. Sólo, quizás, en su soberbia taranta y en los fandangos que hizo con Arcángel.

La idea de este espectáculo, estrenado el pasado 10 de julio en el Teatro la Axerquía de Córdoba,  es interesante, pero es probable que no acertaran con el planteamiento del concierto porque, al menos en mi opinión y sin restarle méritos al experimento, que iba revestido de elegancia y apoyado por muy buenos músicos, la aventura de estos dos grandes artistas no estuvo muy bien definida. Sin embargo, el público se lo pasó bomba y hubo muchos aplausos y tela de olés.

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