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De la miseria a la ilegalidad

El viaje en patera es el último trayecto y el más corto, unos cuantos días, del largo periplo que tienen que hacer los inmigrantes para arribar a nuestras costas. (Foto: EFE)

el 15 sep 2009 / 10:21 h.

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El viaje en patera es el último trayecto y el más corto, unos cuantos días, del largo periplo que tienen que hacer los inmigrantes para arribar a nuestras costas. Estos sin papeles deambulan durante años por África hasta recaudar el dinero que les permita poder montarse en un cayuco.

El coordinador en Canarias del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencia a pie de Playa (ERIE) de Cruz Roja Española, Juan Antonio Corujo, explica que cuando "atendemos a los inmigrantes no sólo hay que pensar en la dureza de la travesía sino en el tiempo que han estado malviviendo por el continente africano". "La mayoría cuenta su sufrimiento al equipo de Cruz Roja que les atiende en un primer momento. Ellos son conscientes del riesgo del mar y, por ello, protegen al máximo a los menores ubicándoles casi siempre en la parte central de la patera para arroparles mejor", señala.

Corujo lleva desde 1979 colaborando con Cruz Roja Española y, en el servicio de ERIE, desde el año 2000 siendo ésta la fecha en la que se creó este dispositivo especial a pie de playa.

Cada equipo de ERIE está compuesto por entre ocho y 12 personas, pero dependiendo de la gravedad de la situación pueden trabajar hasta 30 o 40 efectivos para atender a los inmigrantes que llegan a Canarias, casi siempre en muy malas condiciones.

Asimismo, el coordinador de ERIE recuerda que fue en 1994 cuando llegó la primera patera a Fuerteventura. "España es un país que ha vivido la inmigración de primera mano, como el caso de la Comunidad Autónoma de Canarias cuando hace años los canarios emigraban a América y, ahora, son los africanos los que hacen la travesía de la inmigración en barquillas a las islas Canarias", esboza Corujo.

El coordinador del ERIE considera que ahora no se dan tantos naufragios como hace años, ya que la Administración del Estado está gestionando la situación y la mayoría de los cayucos que cruzan el océano se detectan antes de llegar a tierra.

"Antes la institución tenía menos medios porque sólo disponíamos de fondos propios, pero el Ministerio de Trabajo e Inmigración nos subvenciona lo suficiente para atender a estas personas que llegan verdaderamente mal, tanto por su aspecto físico como psicológico. La mirada de estos inmigrantes, que han pasado mucho miedo en el mar, es difícil de olvidar para los que trabajamos en este servicio", expresa Corujo.

"No puedo olvidar, con todas las experiencias que he vivido en Cruz Roja, una muy especial. Me sitúo en el Puerto Gran Tarajal en Fuerteventura, allí cada día acudía una mujer con su bebé que había hecho la travesía sola, sin su marido, con la esperanza de que en una de las pateras que llegaba a la isla viniera su esposo. La mujer tenía contacto con los miembros de Cruz Roja y nos preguntaba si habíamos visto a su marido, se informaba de los cayucos que llegaban y estaba allí siempre. Un día en uno de ellos estaba su marido y el encuentro entre aquel hombre, malnutrido y muy débil, cuando vio a su mujer y vio a su bebé fue algo estremecedor. Una historia tremenda", recuerda con cariño Corujo.

Este hombre de Cruz Roja hace hincapié en que la mayoría de los sin papeles dicen que han visto la muerte muy cerca. "Nuestra misión es atenderles cuando llega la patera a la costa, sin embargo, intentamos hacer un seguimiento de las familias. Ellos necesitan mucho calor humano", remarca con énfasis.

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