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De la necesidad de volar, el valor del trabajo y el trastazo de Artur Mas

Lorenzo Silva y Mara Torres pasan por Sevilla en la gira promocional de los premios Planeta 2012.

el 27 nov 2012 / 22:46 h.

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Mara Torres y Lorenzo Silva, finalista y ganador respectivamente del premio Planeta, ayer en la capital hispalense. / José Carlos Cruz

Como cada año por estas fechas, los ganadores del premio Planeta pasan por Sevilla en su gira promocional. Ayer les tocó a Lorenzo Silva y Mara Torres, flamantes ganador y finalista respectivamente, y compartieron sus impresiones con la prensa antes de prestarse a una maratoniana firma de ejemplares.

"El Planeta es un acontecimiento literario expuesto al gran público, lo cual no es muy normal", explicó Silva, quien se hizo con el galardón con su obra La marca del meridiano, séptima entrega de la serie protagonizada por los guardia civiles Chamorro y Bevilacqua. "Me han preguntado mucho qué enjuague y qué pasteleo es ese de presentarse a un premio con un libro tan reconocible. Debo decir que al Planeta se puede concurrir a cara descubierta, y si no lo hice fue porque ya fui una vez nominado al Goya, y tuve que aplaudir ante la cámara mientras se lo llevaba Isabel Coixet", recordó.

Por su parte, Mara Torres, conocida como periodista, se alzó como finalista con su primera novela, La vida imaginaria. "Pido disculpas por lo afónica que estoy, no me había pasado nunca. Pero tampoco me había presentado nunca al Planeta", bromeó antes de contar también cómo llegó al premio: "Empecé a escribir en un momento en que me sentía muy sola, pero con una enorme libertad, porque estaba segura de que si lo publicaba lo haría con pseudónimo, tal vez con el nombre de Fortunata Fortuna, la protagonista. Pero vi una oportunidad en el premio, y me dije que en el peor de los casos también permanecería en el anonimato si no me lo daban".

La historia de La marca del meridiano es un thriller policiaco en el que hay, en palabras de Silva, "tramas de delincuencia organizada, corrupción y esa forma de esclavización de las personas que es la explotación sexual", al tiempo que paralelamente Bevilacqua tendrá que enfrentarse a ciertos demonios del pasado en la ciudad de Barcelona, donde vivió algunos años.

Pero más allá de la trama negrocriminal, para el autor de éxitos como El alquimista impaciente y La flaqueza del bolchevique lo que subyace en esta obra es un mensaje de lo más actual: "Hay un asesinato, hay una investigación con menos medios, porque los investigadores están como todo el mundo, de rebajas; pero también intento reivindicar el concepto de trabajo, lo que consiguen las personas que no son más listas que nadie, pero le echan más horas, más convicción que el resto. Mis personajes consiguen cosas porque son trabajadores", apunta.

La vida imaginaria en cambio, arranca cuando la protagonista es abandonada por su pareja y no tiene má remedio que reinventarse a sí misma, ayudada por u fuerza de voluntad, el apoyo de sus amigos y por su imaginación, que la impulsa a volar. "Nata no se corresponde con el típico personaje de novela femenina, aunque tenga 30 años y unas condiciones muy comunes, porque tiene miedo al compromiso, algo que hasta ahora se achacaba a los hombres. De hecho, en la novela son ellos los que hablan de comprometerse", subraya la autora.

Silva, que acaba de estrenarse como editor con una colección de libros que llevará por nombre Playa de Ákaba -publicarán diez o doce títulos anuales-, no rehuyó referirse a la derrota en los últimos comicios catalanes de Artur Mas, con quien compartió escenario en la noche de entrega de los Planeta. "Creo que no ha estado acertado, y ya lo he dicho, por la manera tan extrañamente precipitada con la que actuó, que no se corresponde con el carácter catalán. Lo que ha conseguido es que la gente arrope a los independentistas de siempre, ERC, y que una parte del electorado de CiU se haya asustado. El charnego que atrajo Mas en 2010 ahora lo ha percibido como ese aventurero que ha cerrado los hospitales por las tardes", asevera.

Por otro lado, Silva reclamó un respeto por "Cataluña, que tiene una cultura propia y valiosa, y un idioma admirable, incluso una identidad nacional, pero lo que no ha tenido nunca es una mayoría de catalanes decididos a afirmar su catalanidad con la negación de su españolidad".

Zanjando el asunto, el escritor cree que "para un catalán sería demasiado violento ver a un andaluz o a un murciano como extranjeros. Hemos estado en fenómenos de borrachera, y hay que escapar de eso cuanto antes", apostilló el premio Planeta 2012.

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