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De la transición a la exigencia de disputar la Champions

El equipo de Marcelino inicia el año 2012 situado en el sexto puesto de la tabla tras un inicio de temporada para olvidar que lo dejó fuera de Europa.

el 01 ene 2012 / 20:32 h.

Marcelino, con Del Nido muy atento.

Resulta imposible analizar el arranque del Sevilla 2011/12 obviando el profundo cambio experimentado por una plantilla en la que los líderes de los cinco títulos con Juande Ramos han dado el obligado relevo generacional y, además, se ha pasado de una nómina larguísima de futbolistas a trabajar con apenas una veintena. Kanouté, Palop y Escudé sobreviven al paso del tiempo pero saliendo desde el banquillo y sin la importancia de antaño, aunque sus voces sean las más autorizadas del vestuario. En el campo mandan futbolistas como Rakitic, Navas y Negredo.

También es imposible analizar la temporada obviando el batacazo europeo. Tras la experiencia del año anterior ante el Sporting de Braga, el Hannover 96 se erguía como el peor rival posible que podía tocar. Un auténtico dolor de muelas que llegaba demasiado pronto y que amenazaba con dejar al Sevilla por primera vez fuera de Europa a las primeras de cambio. Y así fue. Perder 2-1 en Alemania entraba incluso dentro de algunos cálculos, pero dar una imagen enorme de impotencia en la vuelta no se lo esperaba nadie. El verano había sido, cuanto menos ilusionante, y los fichajes parecían entrar en el perfil que tan bien había funcionado en el Sevilla de los títulos. Buenos, bonitos y baratos.

El revés sufrido ante los alemanes ha marcado el grueso de la temporada. El Sevilla se ha mostrado inseguro, más preocupado de defenderse que de atacar y alejado de la imagen de equipo dinámico y ofensivo de años atrás. Eso sí, en el arranque los resultados acompañaban. Málaga, Villarreal, Valencia, Atlético y Barcelona no fueron capaces de ganar a los de Marcelino. El Sevilla exhibía unas virtudes defensivas que le convertían en casi imbatible y el calendario deparaba una oportunidad de oro de dispararse en la tabla y coger una ventaja importantísima en la pelea por la Liga de Campeones con la ventaja añadida, sobre los rivales directos, de no gastar energías en competición europea.

Pero ahí, en lo más llano, llegaban los pinchazos. Cuando nadie lo esperaba después de empatar en el Nou Camp ante el Barcelona. Cuando periodistas y aficionados estaban más preocupados de ensalzar el momento de Javi Varas que de la verdadera evolución futbolística de un equipo que no terminaba de arrancar en su juego aunque llevaba camino de seguir sacando resultados positivos, el Sevilla empezaba a fallar. Racing de Santander y Granada eran los primeros en destapar las vergüenzas de los de Marcelino.

PROBLEMAS. Coincidían lesionados Kanouté y Negredo, y Manu del Moral se quedaba como el único estilete ofensivo del equipo. La delantera estaba en cuadro, error de planificación que a las primeras de cambio estallaba en la cara de la secretaría técnica nervionense. Sólo habría tres puntas natos para un dibujo de 4-4-2... demasiado poco. Error que, para más inri, estaba avisado por el propio entrenador desde el verano. De hecho, se había buscado un delantero hasta el último día del periodo estival de fichajes. Giovani había sido el objeto de deseo del club a instancias de una petición del técnico, que le había dirigido en el Racing, y se negoció con el Tottenham en aras de conseguir su contratación. En palabras del subdirector general deportivo, Monchi, "intentamos fichar a Giovani hasta un cuarto de horas antes de que se acabase el plazo". No se hizo un drama de esto en la planta noble del Pizjuán. Con tres bastaba hasta enero, más si cabe teniendo en cuenta que sólo había que disputar una competición por la eliminación europea.

Después de una serie de actuaciones paupérrimas llegaría la derrota más dolorosa de las encajadas en Liga hasta la fecha. El Athletic de Marcelo Bielsa, técnico deseado por el Sevilla a lo largo del verano, pasaba como un ciclón por el Pizjuán. Con una victoria corta, 1-2, pero arrancando aplausos y haciendo sospechar a muchos que con un puñado de chavales se puede jugar muy bien al fútbol, que Bielsa a lo mejor debería haber sido el máximo responsable de la parcela deportiva.

CAMBIO DE SISTEMA. Entonces Marcelino decidió cambiar de dibujo y apostó por el 4-1-4-1 en lugar del 4-4-2. El Sevilla ganó posesión de la pelota y llegada. Apuntaba síntomas de recuperación definitiva ganando al Zaragoza y al Getafe, pero una injusta derrota ante el Levante y el vapuleo recibido a manos del Real Madrid (2-6) volvían a hacer saltar las alarmas. El Sevilla cerraba 2011 fuera de puestos de Liga de Campeones, detrás de equipos manifiestamente inferiores en presupuesto y plantilla como Levante y Osasuna y sin cuajar apenas momentos de brillantez que ilusionasen a una grada que no ha olvidado aún los seis títulos ganados recientemente.

Las esperanzas de cara a 2012 pasan inexorablemente por la ventaja sobre los mencionados Levante y Osasuna, por aprovechar el mal momento de equipos como el Atlético y Villarreal y por crecer en base a un entrenador que, a pesar de haber decepcionado hasta la fecha, sigue ilusionando a los rectores del club. La apuesta de Del Nido y Monchi necesita su tiempo, como ellos mismos dicen, y se lo están dando. Cuando hubo marejada, el presidente siempre le respaldó.

El año 2012 debe ser el año de la vuelta a la Liga de Campeones. Ya lo avisó Del Nido en su discurso navideño a la plantilla: "Si no nos clasificamos para la Champions, el Sevilla tendrá un problema económico difícil de solucionar".

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