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De Lehman a las sucursales

El anuncio de la declaración de quiebra del banco norteamericano de inversiones Lehman Brothers ha sacudido las bolsas de todo el mundo hasta el punto de que algunos analistas económicos se han enzarzado en un debate sobre las similitudes entre la crisis actual y el crack de 1929 que colapsó el sistema financiero y atrastró a la secesión a decenas de países.

el 15 sep 2009 / 11:54 h.

El anuncio de la declaración de quiebra del banco norteamericano de inversiones Lehman Brothers ha sacudido las bolsas de todo el mundo hasta el punto de que algunos analistas económicos se han enzarzado en un debate sobre las similitudes entre la crisis actual y el crack de 1929 que colapsó el sistema financiero y atrastró a la secesión a decenas de países. Está por ver que la comparación sea acertada, pero sí que ilustra sobre la gravedad de la crisis que asuela a las sociedades occidentales: ya no sólo se aventura una recesión; ahora se teme el colapso del sistema, con todas las consecuencias que ello conllevaría. A pocos debe extrañar, por tanto, que la Reserva Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo hayan acudido al rescate de los mercados con inyecciones de liquidez que no se conocían desde los atentados del 11-S en Nueva York. Los impagos han destrozado a entidades de un prestigio casi inmaculado (anoche la aseguradora AIG estaba al borde de la quiebra) y amenazan con extenderse por Europa en una semana en la que los bancos, en particular los españoles, tendrán que demostrar una vez más su solidez y solvencia. Hasta ahora, así ha sido. Sería lo más deseable, sobre todo después de conocer que la crisis no sólo se lleva por delante bancos contaminados por hipotecas basura y cuyas pérdidas se maquillaban en los balances. España no ha llegado ni mucho menos a los niveles de Estados Unidos, pero en menos de tres meses se ha vivido la mayor suspensión de pagos de la historia del país (Martinsa-Fadesa), se ha frenado el crecimiento después de catorce años de curvas de ascenso y la destrucción de empleo se ha acrecentado de tal modo que ya hay dos millones y medio de persona apuntadas en la lista del paro. Un panorama que se complementa con los datos sobre comercio que se hicieron públicos el lunes y que quedaron en un relativo segundo plano por la fuerza informativa del desastre de Lehman Brothers. El importe de los impagos de productos a plazo de las familias y las empresas españolas creció en julio en un 121% con respecto a los porcentajes del mismo mes de 2007. Ya no se trata de que los indicadores económicos auguren malos tiempos, sino de que éstos ya han llegado. Hasta la fecha, se hablaba de las dificultades para la concesión de créditos hipotecarios, de las amenazas de suspensiones de pagos, de las contracciones del consumo y de la destrucción de puestos de trabajo. Ahora toma carta de naturaleza otro efecto más del desplome: muchos no tienen cómo pagar las deudas que contrajeron cuando los bancos mostraban su rostro más alegre. Las consecuencias no sólo se notan en las cuentas de Wall Street. También las sufren los ciudadanos de medio planeta. En Sevilla, el importe total de las adquisiciones a plazo antes mencionadas alcanzó los 816 millones. De ellos, casi 79 millones no fueron pagados. Los perjudicados son los ciudadanos, pero también los bancos, las cajas de ahorro y las rurales, que se ven obligados a pasar estos débitos a sus cuentas de impagados y a extremar la vigilancia en la concesión de créditos para evitar la extensión de la morosidad. Al final, sucede en el ámbito doméstico lo mismo que en el resto del sistema financiero: la desconfianza se instala y huye de los mercados, paralizados por la falta de liquidez. Ocurre en Wall Street y en las bolsas, pero también se nota en las sucursales de cualqjuier ciudad andaluza, pues casi nadie, al menos en Occidente, puede librarse de la crisis.

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