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Cultura

De teatro también se vive

La definición de la comedia 'Feelgood' se adapta muy bien a la de sática de la política actual que sumerge al espectador en la corrupción de esta élite.

el 20 feb 2015 / 19:52 h.

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Lugar: Lope de Vega, 19 de febrero 'Feelgood' *** Autor: Alistair Beaton. Coproducción: Teatro Español/Producciones (off) y Entramados Teatro. Dirección: Alberto Castrillo-Ferrer. Interpretación: Javier Márquez, Fran Perea, Ainhoa Santamaría, Javi Coll, Alberto Castrillo. Una sátira política actual. Es la definición de esta comedia, con la que el autor escocés Alistair Beaton se sumerge de lleno en la denuncia de la corrupción política en particular, y de los flancos débiles de la democracia en general. feelgood_sevilla La historia gira en torno a la preparación de un congreso del partido del gobierno en un país democrático. La acción se desarrolla en un hotel. El director de campaña y su ayudante preparan el discurso del presidente, a quienes ellos llaman cariñosamente GP (Gran Pastor). La encargada de la gestión del congreso entra y sale de escena despotricando de la falta de recursos, y en la calle manifestantes ecologistas se enfrentan a la policía. Y por si esto fuera poco aparece en escena un ministro que confiesa su vinculación a un dramático -aunque burlón- accidente que demuestra los peligros de la transgénica. Eso pone en marcha un conflicto que, como no podía ser de otra manera tratándose de una trama política, aumenta con la presencia de una intrépida periodista dispuesta a destapar el escándalo. Con todo ello el autor consigue elaborar una sátira que remite a la comedia televisiva. No en vano el reparto se completa con el personaje de un guionista de televisión encargado de poner la nota de humor al discurso. Pero esa figura está metida con calzador, a pesar de elevar bastante el tono cómico de la obra. La dramaturgia se centra en los diálogos y las relaciones entre los personajes, que representan estereotipos más televisivos que teatrales. Tal vez por ello la producción ha optado por un elenco repleto de figuras televisivas, quienes parecen dispuestas a demostrar que de teatro también se vive. En ese sentido cabe destacar su dominio de las tablas y la soltura con la que dan vida a sus papeles, a pesar de su carga satírica y estereotipada, sobre todo en el caso de Fran Perea, quien destila naturalidad y vis cómica. Claro que todos ellos están bien arropados con una puesta en escena, a caballo entre el teatro comercial y el teatro contemporáneo, que rompe las barreras espaciales con ingenio y funcionalidad. El ritmo es trepidante gracias a una dinámica composición y un acertado uso del concepto de fuera de campo. Lástima que al final la historia acabe cayendo en un discurso un tanto manido y maniqueo, y que la crítica resulte un tanto frívola.

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