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De Triana a San Vicente

el 20 mar 2010 / 21:53 h.

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Susanismo: Dícese de la corriente socialista que ha tomado impulso esta semana caracterizada por una formación en la escuela de las Juventudes Socialistas, por una hábil capacidad de imponer a su bando como el ganador o de estar siempre en el sector que obtiene el triunfo, y por un fuerte compromiso basado en un lema sencillo pero significativo: partido, partido, partido. Tiene su origen en Triana, en el barrio de León. Y su principal referente es Susana Díaz Pacheco, una joven de 35 años con carácter, trabajadora, impulsiva aunque algo reservada y con una especial destreza para no dejar indiferente a nadie. El partido en Sevilla, que ha dirigido durante siete años, se divide entre quienes la miran con lealtad, cariño y respeto, y quienes prácticamente le apartan la mirada y la ven como la gran culpable de la división socialista. La corriente susanista asoma, en medio de la selva política de neologismos y bandos que se crean, se destruyen y se fusionan, como antítesis de los celistas, los alfredistas e incluso de los caballistas y como inminente sucesora de la corriente vierista.

Su feudo es Triana, cuyas calles vivieron dos de las estampas que guarda con más cariño: su boda, en la que recorrió las calles del barrio en coche de caballos; y su transformación en Rey Baltasar en 2007. El barrio aloja su hermandad, La Esperanza, donde carga su marido, y le sirve como punto de partida para sus escapadas al Rocío y en dirección Heliópolis para sufrir su afición por los colores verde y blanco. Pese a su licenciatura en Derecho, en su orden de prioridades la política se sitúa en primer nivel. Nadie en el partido es capaz de negarle su capacidad de trabajo y su destreza para estar en el sitio adecuado en el momento preciso y para imponer sus criterios frente a sus detractores. Mientras su entorno la define como "leal y comprometida", sus adversarios desconfían de sus movimientos. El recorrido institucional de Susana Díaz es extenso, pero siempre en un segundo plano. Se inició en Sevilla del lado de José Caballos, que le avaló para entrar en el Ayuntamiento en 1999, desplazando a quien sería y sigue siendo aunque ya a larga distancia, uno de sus principales antagonistas, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Duró todo el primer mandato de Monteseirín y el primer año del segundo, donde acarició durante diez meses lo que personas de su entorno sitúan como una de sus metas: la Alcaldía de Triana. De ahí al Congreso, y luego al Parlamento, donde ha sabido jugar sus cartas hasta ganar uno de los puestos más codiciados del partido. La escena del pasado sábado en Fibes, con una Susana Díaz con los brazos en alto y una amplia sonrisa, refleja que su designación como secretaria de Organización del partido con sede en San Vicente es más que una victoria de etapa. Es todo un triunfo de una gran vuelta que pone punto y aparte a una temporada orgánica de más de una década. Con su formación en Juventudes Socialistas, donde se aprende parte de lo bueno y casi todo lo malo de la política, Susana se convirtió en un referente de la estructura provincial más convulsa e imprevisible: el PSOE de Sevilla. Al sumarse al acuerdo de Monteseirín y Viera contra la anterior dirección de José Caballos ocupó el puesto de secretaria de Organización, que compatibilizó con la agrupación socialista de Triana, y lideró la batalla contra la estructura del Ayuntamiento, con sólo una derrota: la salida de su entonces líder José Antonio Viera del Consistorio. El resto han sido todo victorias, hasta dejar prácticamente anulado al sector crítico. Públicamente su rostro ha pasado prácticamente desapercibido. Griñán quería una estructura hermética, y aunque Susana esté limando su perfil más árido labrado en la batalla de Sevilla, esa cualidad le encaja a la perfección. Pocas expresiones públicas y un buscado segundo plano. El rostro lo ponen otros -José Antonio Viera en el caso de Sevilla los últimos siete años-, pero las líneas de trabajo las marca ella con una particular combinación de mano dura y de concesiones. Una labor de control de las alcantarillas del partido, allí donde se entremezclan intereses, desavenencias personales y familias políticas. Aunque los dirigentes más afines lamenten el vacío que deja en la estructura provincial, pocos dudan de que no soltará las riendas de Sevilla. La provincia ha recuperado un papel prioritario en la estructura regional que no tenía desde hace años pese a su peso orgánico y electoral, y Susana es ahora su máximo referente. A sus 35 años le ha llegado su gran prueba de fuego: lograr implantar un nuevo neologismo en el extenso y efímero vocabulario socialista.

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