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Del campus al campo

Un grupo de universitarios convierte 1.200 metros cuadrados en huertos ecológicos y sociales.

el 03 nov 2012 / 20:02 h.

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Terrenos de la Universidad Pablo de Olavide que se convertirán en huertos.

Como en la Universidad Pablo de Olavide (al igual que en las del resto de España, ojo) no va a entrar un albañil en mucho tiempo, un grupo de profesores, estudiantes y personal de administración y servicios han decidido darle uso a una buena parte del campus que actualmente es suelo baldío. Y la propuesta que han planteado al Rectorado y que ha obtenido todos los permisos es convertir 1.200 metros cuadrados de terreno en huertos sociales y ecológicos.

Los promotores de la iniciativa se han constituido en asamblea y desde hace aproximadamente dos meses trabajan en las tareas previas necesarias para que en los huertos crezca aquello que cada grupo decida. Porque los 1.200 metros cuadrados ubicados junto al edificio Celestino Mutis se han dividido en 20 parcelas de 50 metros cuadrados (el resto es para caminos y zonas comunes) que se han sorteado y repartido de tal manera que cada parcela pueda ser gestionada por dos grupos de ocho personas cada uno.

La filosofía de la Asamblea huertos sociales y ecológicos UPO no es "solo cultivar tomates", explica Raúl Puente, uno de los profesores participantes. La intención última es crear un "espacio de diálogo y encuentro" para la comunidad universitaria. Una gigantesca "aula abierta multisocial", apostilla.

"La Universidad es una estructura jerárquica en la que, por ejemplo, las clases están organizadas de manera que el profesor se sitúa en alto y los estudiantes abajo le escuchan. Nosotros queremos con esta iniciativa romper esto. Todos estamos al mismo nivel en la gestión de los huertos sociales y ecológicos", explica David Pérez Neira, docente también en la Olavide, ante la atenta mirada de Javier Montero, estudiante de Ciencias del Deporte. Muchos de los participantes en este proyecto ya conocen cómo funciona una experiencia como ésta. Saben de la gestión hecha en espacios como el Huerto del Rey Moro, San Jerónimo, el parque de Miraflores...

Todavía hay muchos flecos que cerrar, como es el caso del tiempo que podrán gestionar los grupos sus parcelas, pero hay principios básicos. Es el caso del uso de semillas autóctonas -nada de multinacionales ni transgénicos-, la utilización de productos ecológicos para el mantenimiento de los huertos y el autoconsumo de los productos. Quizás en un futuro la asamblea podría plantearse la posibilidad de destinar los productos que se siembren y recojan en los huertos a organizaciones no gubernamentales.

El mantenimiento de los huertos y de las zonas comunes corre a cargo de la asamblea. La factura del agua, de la Universidad. De hecho, ésta ya hizo la obra mínima necesaria para que el terreno contara con las canalizaciones necesarias. Los miembros de la asamblea que participan en la entrevista con este periódico cuentan que experiencias de este tipo ya se hacen en las universidades de Valladolid y Murcia, pero no en Andalucía, donde lo más parecido que hay -salvando las distancias- son los huertos con carácter experimental que tienen las facultades de Agrónomo.

En unas pocas semanas, los nuevos universitarios-hortelanos empezarán a combinar los e-books, ordenadores y smartphones con las azadas y los sacos de semillas. El objetivo es uno: que de la experiencia salga la mejor de las cosechas para alimentar cuerpo y mente.

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