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Del Laredo y unas pinturas

Acusan a los Robles, entre otras cosas menores, del destrozo, durante la reforma del Bar Laredo, de unas pinturas murales que, puestos a demostrar, han demostrado que ocurrió en anterior reforma.

el 15 sep 2009 / 07:45 h.

Acusan a los Robles, entre otras cosas menores, del destrozo, durante la reforma del Bar Laredo, de unas pinturas murales que, puestos a demostrar, han demostrado que ocurrió en anterior reforma. Nadie protestó cuando se produjo la verdadera desaparición de las pinturas, que debió pillar de vacaciones a los ofendidos de ahora, porque de haber estado de guardia, seguro que habrían denunciado el hecho. Seguro. Fue en el año 1992 y que, quien quiera, recuerde con qué Ayuntamiento, guardador de fachadas tras la nada y otros pastiches. Pasaría mucho tiempo hasta que los Robles llegaran al Laredo, apenas mantenido por los pocos turistas que se sentaban en su terraza, atraídos no por el bar ni sus importancias, sino por ver la Giralda desde tan privilegiado lugar. El genial arquitecto Sáenz de Oíza, autor de obras indiscutibles como, entre otras, el edificio del Banco de Bilbao en la madrileña Avenida de la Castellana y antes el edificio Torres Blancas que tanto escandalizó al Madrid más convencional, del todavía oscuro año 1969, y autor de otras obras discutibles y hasta poco relevantes, me dijo en una ocasión que prefería tener que tirar un edificio a quedarse sin hacerlo por temor a equivocarse o a escandalizar. A Oíza le gustaba eso sin lo cual nadie habría dado nunca el primer paso hacia adelante: escandalizar, no por escandalizar, sino por crear, inventar, abrir caminos. Los muchos pastiches y fetiches que soporta esta ciudad, nos recuerdan que todavía necesitamos a muchos dispuestos a escandalizar. Y eso sí, que los no escandalizados sean escuchados, al menos tanto como los escandalizados, griten lo que griten.

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