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Del Mediterráneo a los lagos fineses

Una nueva ruta de Ryanair enlaza Málaga con Tampere, vecina de Helsinki

el 08 ago 2010 / 19:45 h.

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Tampere es conocida como la ciudad de los lagos al contar con más de 200
Desde el pasado junio., en cuatro horas y media se puede llegar desde Málaga a la región finlandesa de Tampere, a 170 kilómetros de Helsinki, gracias a la ruta aérea que acaba de inaugurar Ryanair con dos conexiones semanales, lunes y viernes, a unos 300 euros.La oportunidad en verano es clara: del calor del sur de España a las templadas temperaturas de un país donde ahora apenas hay cuatro horas de oscuridad cada noche. En la región, la media en agosto es de 20 grados de máxima y 11 de mínima.

 

Conocida como la ciudad de los lagos al contar con más de 200 -la cuarta parte de su superficie es agua-, Tampere es la segunda ciudad de Finlandia y destaca por una inesperada vida callejera gracias a unos mercadillos en los que se vende de todo; y también cultural, debido a su gran número de centros culturales, en especial teatros: hay una veintena pese a que la población apenas supera los 200.000 habitantes, y son negocios rentables porque hay costumbre de acudir a menudo.

Tampere conserva el marcado carácter industrial con el que fue construida hace poco más de dos siglos por los visionarios que supieron aprovechar la electricidad que generaban sus pronunciados saltos de agua, como los rápidos del río Tammerkoski, hoy en el centro de la ciudad. A su alrededor proliferaron las fábricas de ladrillo rojo que, al quedar en desuso, fueron reconvertidas en centros comerciales, oficinas, pisos, museos o teatros que conservan sus altas chimeneas: una docena salpican aún el horizonte, convertidas en su signo de identidad.

Entre ellas destaca la compañía Finlayson, nacida como fábrica de algodón, que llegó a dar empleo a la mitad de la población de Tampere y dejó como herencia el barrio obrero de casitas de madera de Amuri. Hoy se ha convertido en un museo en el que se puede ver cómo la estrechez en la que vivían las familias trabajadoras hacía que durmieran en camas que durante el día se plegaban hasta su mínima expresión para dejar sitio libre para vivir. El recinto conserva juguetes, muebles y ropa de la época.

El pasado industrial también ha permitido el nacimiento de lugares tan especiales como el restaurante Heinätori (El puesto del heno), un coqueto local abierto hace dos años en las dependencias usadas hace un siglo para pesar los productos que llegaban al mercado en carros tirados por animales, a los que alimentaban con heno allí mismo. El dueño, Lauri Väänänen, decidió después de 30 años trabajando como ingeniero cumplir el sueño de su vida y montar este pequeño local, que atiende en persona junto a su esposa, Irja, que también abandonó su profesión de fotógrafa para acompañarlo. El hijo de ambos, Edvard, de 17 años, parece haber heredado la pasión de su padre por los fogones -desde pequeño cocina junto a él- y se ha unido al proyecto familiar como trabajador a tiempo parcial.

El lugar se rehabilitó respetando la esencia romántica del antiguo almacén de mercancías y en él se sirve cocina finlandesa casera, nutrida con el abundante pescado fresco y la carne bañada con densas salsas que son típicas del país. Los Väänänen presumen además del uso de vegetales tradicionales de la región, como bayas y setas de oreja, comprados directamente a los agricultores y poco cocinados para respetar al máximo su sabor.

La variante fashion de la cocina de Tampere está en el restaurante panorámico Näsinneula, situado a 160 metros de altura y giratorio, lo que permite una visión de 360 grados de los bosques y lagos salpicados de casas que completan el núcleo urbano.

Tampere, además del pescado y la carne de reno características de Finlandia, ofrece como especialidad local la salchicha negra, similar a las morcillas españolas, y el indefinible helado de alquitrán. La bebida de la comarca es el karpalo lonkero, una especie de gin tonic con refresco de bayas rojas, variante del lonkero -gin tonic- que se bebe en toda Finlandia y riega en abundancia las animadas noches de la ciudad, en la que bares y discotecas cierran a las cuatro de la madrugada.

La capital ofrece un amplio abanico monumental que pasa por la original iglesia luterana de Kaleva, obra de los famosos Raili y Reima Pietilä, erigida en cemento, sin imágenes en su interior ni más adorno que sus 18 ventanas irregulares, el órgano color bronce y una escultura abstracta en su altar mayor. O la biblioteca municipal Metso, de los mismos autores, cuya forma pretende emular a un urogallo por lo envolvente de una cubierta metálica que debe pasar por la cola abierta de esta gallinácea.

La visita puede completarse con un viaje a Helsinki -dos horas y media en tren por 32 euros- o a las amplias extensiones naturales de los alrededores, como el área de Haapasaari, junto a uno de los grandes lagos, que ofrece alojamiento en cabañas de madera o áreas de acampada en las que disfrutar de sus saunas de piedra o madera, de fríos chapuzones en el lago y de excursiones a pie o para pescar en barca.

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