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Del miedo al terrorista al pánico a perder el empleo

La obsesión por la seguridad de Occidente quedó barrida por la crisis.

el 10 sep 2011 / 19:56 h.

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Duelo en Washington horas después de los atentados, en 2001.

Las engorrosas medidas de seguridad para viajar en avión es la cara visible para los occidentales de la tarifa que han pagado por el peor atentado de la Historia. Diez años después las medidas extremas en los aeropuertos se mantienen o endurecen, pero el precio para el mundo ha sido mucho más caro que esas incomodidades a los turistas.

El catedrático en Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad de Sevilla y experto en terrorismo internacional Joaquín Alcaide explica que inmediatamente después de los atentados los Estados occidentales reorientaron sus prioridades en favor de la seguridad, con enormes inversiones, "y la reacción inmediata fue el Trío de las Azores " previo a la invasión de Irak. Antes habían acabado con el Gobierno talibán en Afganistán. "Lo que en un primer momento fue una oleada de comprensión hacia los neoyorquinos se transformó poco a poco en recelo por las políticas extremas de Bush", explica Alcaide. En ese terreno destaca la práctica y la justificación de la tortura en cárceles secretas y en Guantánamo -campo de detenidos que sigue abierto como lo están todavía las guerras de Irak y Afganistán-.

"La obsesión por la seguridad hizo que los Gobiernos se olvidaran de la economía, pero desde el estallido de la crisis todo eso ha quedado barrido" y el miedo a los terroristas lo ha sustituido el miedo "a perder el empleo o la vivienda".

Alcaide recuerda que el "recelo contra las minorías" ha envenenado la convivencia en Occidente. Joaquín Nieto, responsable de comunicación de la Fundación Mezquita de Sevilla, lleva 10 años presentándose con un "desmarque absoluto de los atentados" y mostrando "dolor con las víctimas", y aunque no culpa de ello al creciente rechazo hacia lo musulmán, el hecho es que los fieles de Alá no tienen templo en la capital hispalense tras una pertinaz campaña en contra."Nuestra comunidad es muy tranquila y en el mundo musulmán quedan fanáticos, pero en bolsas aisladas. La mayoría de los musulmanes que vive en Occidente pide calma y confianza en la Justicia incluso cuando sus hijos son agredidos", prosigue. Por contra, facciones "que no representan a los ciudadanos occidentales" juegan con su miedo para prohibir los minaretes en Suiza o el pañuelo en Francia.

¿Y los musulmanes allí donde son mayoritarios? Alcaide recuerda que, salvo en Libia, todos los derrocamientos de la Primavera Árabe han sido pacíficos."Hace años que Occidente no sufre un atentado islamista, pero que los extremistas cada vez estén más aislados no quiere decir", matiza el catedrático, "que en cualquier momento no se puede cometer un atentado".

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