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Del Nido, las contrapartidas y el respeto

El Deportivo-Sevilla comenzó a su hora. Ni la Liga de Fútbol Profesional ni la Federación Española sedujeron esta vez al presidente del Sevilla. 

el 24 sep 2012 / 21:57 h.

La locura se adueñó de lo que parecía una tranquila tarde de domingo cuando un sabotaje provocó el aplazamiento del partido Rayo-Real Madrid. Mourinho se empecinó en jugar el lunes a las cinco de la tarde y Paco Jémez en que su afición, siendo día laborable, tenía difícil llenar el estadio a esa hora. Mientras tanto, lejos de allí, en un hotel de La Coruña, dirigentes, técnicos y jugadores del Sevilla escuchaban todo eso temiendo ser perjudicados una vez más.

Hace escasos meses (el pasado mes de abril) la Liga de Fútbol Profesional decidió retrasar 30 minutos el inicio del Sevilla-Levante, correspondiente a la 35ª jornada, para que las televisiones pudiesen ofrecer el postpartido del clásico que enfrentaba a Barcelona y Real Madrid. La reacción del club fue todo menos beligerante: aceptó el retraso sin hacer ruido y el choque comenzó a las diez y media de la noche.

"A nosotros se nos consultó y dimos nuestra autorización. Eso sí: pedimos contrapartidas que nos han concedido y no tenemos nada que objetar. Éramos conscientes de lo que suponía", explicaba entonces José María del Nido, añadiendo que esas contraprestaciones no eran "públicas". Poco después se supo que el presidente pidió jugar ante el Real Madrid en domingo. No hubo más historia. El asunto quedó ahí.

A la afición no le hizo demasiada gracia tener que acudir al Sánchez-Pizjuán a esa hora para ver a su equipo jugar contra el Levante. Por eso, cuando este domingo el aplazamiento del Rayo-Real Madrid zarandeó el inicio del partido entre el conjunto de Míchel y el Dépor, el sevillismo clamó al cielo. No le faltaba razón. En realidad, retrasar 15 minutos un encuentro no es algo grave, pero sí una falta de respeto si lo hacen por las bravas. Por muchos contratos de televisión firmados -voluntariamente- que existan.

Sin embargo, el Sevilla adoptó una postura firme: se hizo respetar. Esta vez se negó a retrasar el inicio del partido argumentando que podría traerle "consecuencias nefastas". En esta ocasión no hubo contrapartidas; al menos, no hay constancia de ellas por el momento. ¿Por qué el presidente no recurrió a esa baza? Esta vez, hacerse respetar delante de todos era mucho más importante.

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