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Del Nido: un antes y un después

El presidente del Sevilla vivió el sábado la mayor muestra de rechazo de la afición desde el famoso día del Espanyol.

el 16 dic 2012 / 20:53 h.

Del Nido, antes de la derrota frente al Málaga.

José María del Nido no olvidará así como así el partido frente al Málaga. Hace años, más de siete, que el presidente del Sevilla no asiste a una muestra de rechazo tan importante por parte de la afición. Hay que remontarse a octubre de 2005, a aquel famoso partido contra el Espanyol, para recordar algo parecido, porque los sevillistas de Gol Norte que acudieron al estadio no son los únicos que le reprueban su gestión en los últimos tiempos.

Desde que el Sevilla de los títulos comenzó a dar paso al Sevilla actual, el club ha vivido momentos difíciles. Varios han sido los técnicos engullidos por las exigencias de un club y una afición que ya ni siquiera ven a su equipo aspirar seriamente a una plaza en la Europa League. Por si fuese poco, los cimientos se tambalearon hace un año cuando Del Nido fue condenado a siete años y medio de prisión por el caso Minutas. Sin embargo, ni quisiera ese duro revés personal consiguió apartarle de la presidencia.

"Me han criticado cuando hemos ganado títulos y cuando hemos tenido 70 millones de beneficio. El club tiene unas estructuras sólidas creadas bajo mi gestión que son capaces de aguantar sobresaltos muy importantes. Tengo el apoyo de la masa accionarial y de la inmensa mayoría de la afición. Aquí lo que importa es el Sevilla, su bandera y su afición. Voy a seguir con la misma fuerza e ilusión", dijo entonces.

En efecto: las críticas, en mayor o menor medida, siempre le han acompañado, porque él nunca crea indiferencias. Cuando la afición se cansó de Marcelino, las miradas se dirigieron al palco y el asturiano tuvo que hacer la maleta. Ahora, en cambio, no es el técnico quien recibe las iras de la afición sino Del Nido, a quien se le amontonan sobre la mesa los problemas que resolver.

Un otoño de descenso

Los 8 puntos sumados en los 10 últimos partidos -curiosamente coinciden con las jornadas disputadas en otoño- sitúan al Sevilla lejos de las plazas europeas y demasiado cerca de las de descenso. Los 19 puntos que suma tras las 16 primeras jornadas constituyen el peor registro desde la temporada 1999/00, en la que acabó descendiendo. Hasta ahora, las que peores números ofrecían desde entonces eran la 2010/11, 2007/08 y la 2002/03: 20 puntos.

El papel de Míchel

Tal como anda el equipo, Míchel podría ser perfectamente objeto de las críticas de la afición. Sin embargo, el técnico -que también tiene detractores- no centra tanto las iras como el presidente. ¿Significa esto que su papel está siendo bueno? Lo único cierto es que el sevillismo no exige a Del Nido de forma clara y mayoritaria que le destituya. Además, el club, aunque en el mundo del fútbol a veces las ratificaciones sirven de poco o nada, lo defiende a capa y espada. Míchel, en cualquier caso, tal como ocurrió con sus antecesores en el cargo, no logra marcar diferencias desde el banquillo.

¿Hay mimbres?

La calidad de la plantilla ha ido disminuyendo con el tiempo. Por ella están pasando demasiados futbolistas con más pena que gloria. Otros, sin embargo, intentan tirar del carro gracias a su capacidad y entrega, aunque los resultados de las dos últimas temporadas son para olvidar. En la 2011/12 ni siquiera se logró el pase a competición continental. ¿Hay mimbres en el plantel actual para aspirar a ese objetivo que marca el club? Ni Gregorio Manzano, ni Marcelino ni ahora Míchel, tres técnicos que en su día clasificaron a otros equipos para torneos europeos, han logrado sacar provecho a la nómina de jugadores. ¿Culpa de los técnicos? ¿De los futbolistas?

Lastres añadidos

A la situación deportiva se suman lastres que no benefician. Uno de ellos es el conflicto entre el consejo y Biris Norte. No por ponerle fin el equipo va a empezar a ganar partidos, pero si hay algo claro, es que la comunión con la afición es esencial. Y a todo ello se une otro hecho preocupante: el Sánchez-Pizjuán está desangelado. Entre que las fechas y horarios no acompañan por lo general, que el bolsillo está como está y que el equipo no invita a gastar dinero en abonos o localidades, el estadio parece otro.

Las soluciones

¿Debe irse Del Nido? ¿Debe destituir a Míchel? ¿O a Monchi, responsable de la planificación deportiva? ¿O quizá reforzar el equipo este invierno? Nadie tiene una solución que asegure resultados inmediatos. Ni siquiera es garantía disponer de una gran plantilla, como el Valencia, fuera de puestos europeos a día de hoy.

Del Nido asiste a un antes y un después. Ahora la afición le exige responsabilidades pese a que él goza del respaldo casi absoluto del accionariado. El problema es que en estos momentos carece de ese apoyo en las gradas, desde donde sí se le pide un golpe de timón. Urge encontrar soluciones. Y hay que hacerlo sin esos 70 millones de los que hablaba, con los fondos de inversión teniendo los días contados y sin margen de error.

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