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Del voto indeciso, al voto indignado

El futuro alcalde se puede decidir hoy con un margen estrecho de votos y por solo un edil.

el 21 may 2011 / 19:45 h.

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Antes del inicio de la campaña, todos los partidos miraban hacia un sector que se consideraba más grande que en otros comicios, más determinante. El de los indecisos . Aquellos que a pocas fechas de las elecciones no sabían ni a quién iban a votar y ni siquiera si iban a acudir a las urnas.

Los principales partidos coincidieron en detectar dónde se encontraba el grueso de este electorado, en los simpatizantes socialistas, y hacia allí dirigieron sus mensajes. El PSOE se centró en reconciliarse con sus votantes especialmente los de los distritos en los que tradicionalmente se impone, el PP en ofrecerse como alternativa "centrada" para ellos, IU en reivindicarse como la opción de izquierdas para los desengañados y el PA y UPyD como alternativas a la clase política actual.

En ese escenario la campaña avanzaba monótona, pese a los intentos de PSOE e IU por elevar el tono. Esto, hasta el 15 de mayo . Ese día, las estrategias políticas estallaron, sus mensajes se reorientaron, la campaña se avivó al margen de la clase política: miles de personas empezaron a concentrarse en las capitales españolas en un movimiento sin precedentes que tiene en las setas de la Encarnación su símbolo, su feudo.

Las urnas determinarán hoy su influencia real. El calado de lemas como "No los votes", el efecto de un desencanto con la clase política que se intenta compatibilizar con una llamada a la participación, la respuesta a las reacciones políticas tras el inicio de las improvisadas protestas. De la preocupación por los indecisos, se había pasado a otra inquietud mayor: los indignados .

Los intentos de los partidos por ofrecerse a este sector -tras el que hay mucha más gente de las 10.000 personas que se han llegado a reunir en la Encarnación- han revolucionado una campaña que a muchos de los equipos de los candidatos se les ha quedado corta. Por su extraño comienzo, en medio de una Feria que condicionó el despegue de la actividad política centrada este año en recepciones y casetas del Real -salvo en el caso de Juan Espadas que tuvo que compatibilizarlo con el Senado- y por el trágico paréntesis en su ecuador motivado por el terremoto de Lorca.

Un día de suspensión de actos en el que sólo tuvo cabida el debate de TVE emitido tras la medianoche para respetar el acuerdo nacional. Pero esta campaña no se ha jugado en las emisoras o en la televisión. Se ha jugado, más que nunca en la calle. En los barrios. Y especialmente en los cinco distritos en los que se concentra buena parte de ese voto socialista que puede decidir unos comicios que se prevén ajustados. En Cerro-Amate, Este-Alcosa-Torreblanca, Macarena, Norte y San Pablo Santa-Justa. Los feudos del PSOE a los que el PP lleva mirando desde hace cuatro años, consciente de que si no llegaba a ellos no ganaba y a los que IU se ofrece consciente de que la crisis ha hecho especial daño en ellos por el desempleo que se ha situado en 78.000 personas.

Sólo un balance de las dos últimas grandes elecciones -2007 y 2008- revela que en estas cinco zonas tiene el PSOE votos potenciales suficientes para gobernar -140.836 llegó a sacar en las generales, 16.000 más que en toda la ciudad cuatro años antes- y que como han admitido en repetidas ocasiones los dirigentes del PP, si no se produce un trasvase real de sufragios hoy en estas zonas es casi imposible que Zoido pueda tener mayoría absoluta.

Cualquier simulación de la Ley D'hont es contundente: con el mismo número de votantes que en 2007, los socialistas tendrían que quedar 19.000 votos por debajo de los populares para no poder gobernar. Y el PP, como ha admitido el propio candidato socialista, Juan Espadas, puede estar más que cerca de ese registro. "Necesitamos mil votos", clamó el lunes pasado durante el acto central de campaña con José Luis Rodríguez Zapatero en Pino Montano . Un ejemplo del despliegue socialista en la ciudad. El PSOE se ha implicado más que nunca en una batalla clave a nivel autonómico e incluso estatal. Sevilla determinará la diferencia entre la victoria de uno u otro partido el 22 de mayo.

Conscientes de eso, los socialistas iniciaron su campaña con Alfonso Guerra -quien luego desapareció pese a ir último de la lista- y siguieron con Carma Chacón, José Bono, Bibiana Aído o Felipe González. Todo esto acompañados de una presencia masiva en Sevilla de José Antonio Griñán y de Susana Díaz.

Los populares, que tuvieron que suspender la visita de Alberto Ruiz Gallardón por el terremoto de Lorca, se quedaron sólo con Mariano Rajoy, mientras que IU con la campaña más austera de todos, cedió todo el protagonismo a sus candidatos reforzados eso sí por la visita de Cayo Lara y de Diego Valderas.

Y en todos estos actos la campaña ha puesto algo en evidencia: el formato de mitin tradicional está en una situación crítica. Nadie es capaz de llenar grandes aforos y sólo acuden personas con un voto más que decidido. El PSOE consciente de la necesidad de revolucionar sus barrios, se esforzó por hacer uno al día, aún a riesgo de que se contarán sus asistentes. Todos en la calle para llegar a vecinos o simples clientes de los bares de los alrededores. Ni con Zapatero se alcanzaron las cifras de otras campañas.

En el extremo contrario estuvo el PP: sólo un mitin, sólo un esfuerzo en la campaña, para arropar a Mariano Rajoy en Fibes. Llenó, pero no es significativo. Si se concentran los recursos en un acto, cualquiera de los dos grandes partidos reúne a 4.000 personas. Lo imposible ahora es que sean 20.000 o que haya 4.000 en cada uno de los barrios clave de la ciudad. Ni Espadas lo logró en sus barrios, ni Zoido tenía a más de cincuenta personas a su alrededor en zonas como Casco Antiguo, ni IU superó logró alcanzar el millar de asistentes en su acto central.

Y en medio de este pulso por los barrios, que ha derivado incluso en un programa por distritos por parte de los dos partidos mayoritarios, la campaña se ha visto salpicada de elementos que la han avivado, aunque sin llegar a animarla. Como los cuatro debates -dos televisivos y dos radiofónicos, incluyendo un cara a cara-, la sentencia sobre la expropiación de Tablada que recuperó un tema siempre latente, la irrupción de la Torre Pelli o la propuesta del PP de que un acuerdo ante notario para que gobierne la lista más votada.

Pero uno de los giros más bruscos, y no por ello inesperado se dio el pasado jueves. Cuando el Juzgado de Mercedes Alaya comunicó verbalmente a algunos abogados que Torrijos, imputado días antes de comenzar la campaña, recibiría una citación para declarar el 8 de junio -que también afectaba a Manuel Marchena citado para el día 30 meses después de su imputación-.

IU elevó el tono de su discurso y arremetió contra la magistrada a la que ha denunciado ante la Junta Electoral y quiere llevar ante el Consejo General del Poder Judicial. Pese a esto, un día después se notificó la providencia a todas las partes, que aunque firmada el pasado lunes no se había formalizado. Los posibles votantes de IU hicieron así la reflexión con una providencia judicial por una imputación -para la que hasta el viernes no se aceptó la personación del implicado- por la supuesta venta fraudulenta de suelos de Mercasevilla.

Cuando estos hechos se produjeron ya había entrado en cuestión el otro gran factor de esta campaña. El más inusual, con un efecto impredecible. Las manifestaciones del movimiento indignados, de la plataforma Democracia Real Ya . Ayer, durante toda la jornada de reflexión, y pese a la prohibición legal, permanecieron en la Encarnación centenares de personas, por momentos miles.

Otros muchos están pendientes de sus movimientos. Parte de este sector insiste en pedir la participación, otros abogan por votos en blanco o nulo, y hay quien promueve la abstención. No es casual que ayer decenas de carteles electorales aparecieran boicoteados, con monedas en los ojos y mensajes de rechazo.

Está por ver cómo afectará a una abstención ya de por sí alta en las municipales. En 2007 votaron 308.999 personas, el 54,1% del censo -casi 20 puntos menos que un año después en las generales-. De éstos, un 41,8% votaron al PP -128.776 votos-; un 40,4% al PSOE -124.534 electores-; el 8,37% a IU -25.772 sufragios- y el 4,5% al PA -13.839 votantes-.

La diferencia, tras la salida del PA, fue entonces de tres concejales a favor del acuerdo PSOE-IU. Pase lo que pase hoy todo hace indicar, que esa distancia puede ser más reducida. Las elecciones se juegan en uno o dos concejales, en pocos votos. Puede que menos de los 4.300 que separaron al PP del PSOE en 2007. Y en el aire no sólo está Sevilla, sino los comicios de marzo de 2012 y el liderazgo de una época de crisis ante la que todos los partidos ya han recibido un serio aviso en esta campaña. En la calle. En Sol (Madrid) y en las setas de la Encarnación.

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