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Deportes

Delanteros en trayectoria descendente

El inesperado rendimiento de Álvaro Cejudo se asemeja al de muchos atacantes béticos como Pier, Kasumov o Kowalczyk, que tuvieron un debut soñado y fueron desapareciendo del equipo.

el 24 oct 2014 / 09:15 h.

Cejudo debutó y marcó. En la imagen, se lanza a por un rival / Pepo Herrera Cejudo debutó y marcó. En la imagen, se lanza a por un rival. Foto: Pepo Herrera. El rendimiento de Álvaro Cejudo en la presente temporada tiene bastantes similitudes con el ofrecido por no pocos futbolistas en su primera temporada de verdiblanco. Pese a no ser delantero, el extremo procedente de Osasuna fichó este verano por el Betis y firmó la mejor tarjeta de visita en su estreno en la Nova Creu Alta (2-4). Cejudo tuvo el debut soñado por cualquier jugador –excepción hecha del portero- que se presenta ante su afición: un gol, una buena actuación individual y victoria para su equipo. Una inmejorable situación de partida para ir ganándose el cariño de los suyos. Sin embargo, a veces el futbolista, en ocasiones de manera inexplicable, va perdiendo protagonismo conforme pasan los encuentros y su rendimiento va de más a menos y algunos llegan a desaparecer por completo de las convocatorias con el paso de las jornadas. Es más, el de Puente Genenil, que ha sido titular en los nueve encuentros disputados hasta el momento, tan sólo ha jugado los noventa minutos en dos de ellos, convirtiéndose en un recambio habitual para Julio Velázquez. No es una escena que sorprenda, por desgracia, al aficionado de La Palmera. Basta con remontarse algunos años o incluso un par de décadas para comprobar el efecto gaseosa que parece adueñarse de algunos delanteros, que aterrizan en el Villamarín con más o menos vitola y que pronto despiertan de ese sueño fugaz a los seguidores béticos. Ahí está el caso de Kasumov. El futbolista de Azerbayan, fichado del Dinamo de Moscú, llegó en febrero de 1993 y se estrenó como goleador en su primer partido de liga -ante el Sestao (4-0)-. En la temporada siguiente tuvo una importante lesión de menisco en su rodilla izquierda. Disputó 53 partidos con el Betis en los que anotó 13 goles. Acabó en el Albacete como cedido en la 95-96. Otro delantero que levantó mucha expectación fue Kowalczyk. El jugador polaco anotó el cuarto gol en la contundente victoria de su equipo ante el Sporting de Gijón (5-0) el día de su debut. Jugó 72 partidos y marcó 18 tantos. Con una trayectoria descendente, terminó en la Las Palmas. Al año siguiente, el Betis fichó a Pier, que también logró estrenar su casillero en su primer partido oficial. El futbolista canario anotó el segundo de los tres goles que su equipo le endosó al Zaragoza. Marcó 27 tantos aunque necesitó para ello 87 partidos. Tras su paso por Heliópolis, se incorporó al Zaragoza. Con guarismos muy similares aparecen los argentinos Gastón Casas y ‘Gabi’ Amato, ambos con 21 goles en 65 y 64 encuentros. Este último abrió el marcador para su equipo en un encuentro con el Racing de Ferrol. Una vez más, la presentación perfecta ante los suyos. Fue uno de los artífices del ascenso pero al año siguiente contó poco para Juande Ramos y terminó en el Levante. Gastón, que coincidió con Prats, Cuéllar, Filipescu y el ‘Chirola’ Romero, logró el único tanto de su equipo en el empate con colchoneros en el día de su debut (1/10/2000). Como curiosidad, el añorado técnico del Betis Pepe Mel, en su etapa de delantero verdiblanco le dio la victoria a su club en la primera oportunidad que tuvo de vestir esta camiseta. Era el encuentro de primera ronda de la Copa del Rey y el rival, el Mallorca. De pichichi de Segunda (anotó un total de 57 goles en 133 partidos) pasó a no contar para Jarabinsky, el técnico checo del Betis. Su rendimiento fue bajando notablemente y tras esta etapa buscó suerte en las filas del Granada. Ni el madrileño fue el primer caso ni el excanterano bético será el último. Al menos, la experiencia ha servido para que los aficionados no depositen una tremenda ilusión en los nuevos fichajes por muy buen debut que realicen. Al  final, el tiempo ha demostrado que la confianza se desvanece como el aire de una burbuja. 

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