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Delicias peligrosas

La Asociación Micológica Muscaria celebra en la Casa de la Ciencia un encuentro sobre el mundo de las setas

el 18 nov 2011 / 20:45 h.

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Hasta hace no demasiado las setas se confundían con unas tristes verduras. Hoy, no sin esfuerzo, reinan en la mesa. Pero el desconocimiento que las rodea sigue siendo mayúsculo. Por eso la Casa de la Ciencia ha venido acogiendo durante todo el mes una nueva edición de Noviembre Micológico, una actividad impulsada por la Asociación Muscaria , un grupo de amantes de estos hongos que hacen bastante más que salir a recolectarlos y ponerlos luego sobre una brasa. Las buscan, las fichan, las inmortalizan en fotografías, las estudian y, finalmente, extienden su sapiencia.


A los 20 años a Javier Retamino le podía haber dado por jugar al fútbol, ahorrar para comprar una Harley Davidson o probar la resistencia de la cuerda en el puenting. Pero, tal vez fruto de una estupenda digestión, le dio por las setas y hoy preside Muscaria, una asociación de micólogos aficionados fundada en Sevilla en el año 2000 que cada lunes se reúne en la Casa de la Ciencia para estudiar al dedillo la recolección del fin de semana.


Retamino ha hecho de las setas su profesión. Es un freelance de la micología que lamenta el enorme desconocimiento que continúa existiendo alrededor de este universo: "La inmensa mayoría de las personas sólo comen cinco o seis variedades, algunos expertos incluyen en su dieta medio centenar pero, con todo, podrían ser muchas más", explica.

 

La clave es no conformarse con la primera bandeja de setas embaladas que vea en el supermercado. "Andalucía es la región con más especies de Europa, y más concretamente la Sierra Norte de Sevilla, la zona de Aracena en Huelva y las sierras de Cádiz y Málaga", asegura. Es decir, están ahí mismo. "A conseguir extender la idea de su importancia y su valor ayuda algo el Plan Cussta impulsado por la Junta", dice. Pero no es suficiente: "Muy pocos son los que saben calibrar el buen sabor del Cantharellus, la seta de chopo o el Coprinus comatus". Todas ellas tienen su domicilio social en Híspalis. Y tan cerca están que ni siquiera se han comprado un adosado en el Aljarafe. Antes, al contrario, "las encontramos aquí mismo, algunos de nuestros parques están llenos de ellas", explica. Será cuestión de ir mirando con las gafas de Rompetechos a ver si entre la hojarasca sale algún codiciado Coprinus que llevar al perol.

Pero ojo, estas delicias no han perdido un ápice del mito que las hace tan atractivas e inquietantes: "Existen setas potencialmente muy peligrosas, otras directamente son mortales. Me refiero a la Amanita faloide [el emperador Claudio y el Archiduque Carlos de Austria perecieron tras ingerirla], la Amanita virosa y la Amanita verna. También puede provocar alucinaciones la Galerina marginata. Y, lo más grave, en nuestros parques proliferan pequeñas lepiotas cuya ingesta da para algo más que una digestión pesada..."."Antes de aprender las que son comestibles es mejor conocer bien cuáles son las peligrosas", recomienda Retamino, consejo en el que coincide con Juan Carlos Campos, un micólogo madrileño que clausura esta tarde el encuentro de la Asociación Muscaria en el Pabellón de Perú. Viene a hablar de las Lactarius, una variante de setas que tienen la peculiaridad de que al tocarlas dan una leche de diferentes colores y sabores. "A esta familia pertenece el Níscalo, más conocida como la seta del dominguero. Cuando llueve salen en muchas cunetas y, por ejemplo, en Cataluña se juntan 200 y 300 coches en los arcenes para llevárselas", cuenta Campos. "De manera muy lenta pero imparable se van conociendo todas las variedades que existen. Luego están las diferencias propias entre cada comunidad.

En Sevilla se quiere mucho a la Amanita ponderosa, esto es, el gurumelo, también a la Chantarela o rebozuelo. En Madrid se consume más la seta de marzo que, sin embargo, en el Sur es rarísima". Luego están las que nunca fallan, esté aquí, en Gerona mirando para Montpellier o en Finisterre."El Níscalo y el Boleto están en todos lados", concluye. Será cuestión de fichar a las malas y acariciar la posibilidad de llevarse a casa una docenita de las buenas. Las setas ya no son marcianos de tres cabezas, ahora son, simplemente, marcianos.

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