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Demasiado inocente para ganar al Madrid

Di María, en el minuto 76, tumba a un Sevilla que tuvo opciones hasta que, jugando con un hombre más, se achicó y perdonó lo imperdonable.

el 19 dic 2010 / 22:22 h.

Sergio Ramos frena a Romaric tras un roce.

El Sevilla despide el año 2010 con una nueva derrota, quinta consecutiva en Liga y que podría relegarle al decimosegundo puesto, a la espera de lo que ocurra en el Racing-Hércules de esta noche. Una derrota que no por entrar dentro de los planes, dadas las diferencias entre ambos conjuntos, deja de ser dolorosa: primero, porque llegó en el tramo final (minuto 76), cuando el equipo de José Mourinho jugaba con un hombre menos a raíz de la expulsión de Carvalho (62'); y segundo, porque hasta entonces el de Gregorio Manzano había controlado bien un partido -sólo concedió dos ocasiones de gol- que no supo matar.

Pero poco se puede hacer si Negredo, solo ante Casillas, perdona lo imperdonable cuando el Bernabéu se impacientaba. Incomprensiblemente, el Sevilla desapareció cuando más fácil lo tenía. Espoleado por su afición, el Madrid sacó más garra a la hora de la verdad y se llevó la victoria, tras aprovechar un error defensivo.

ARBITRAJE POLÉMICO. Quizá la presión ambiental generada por la mala actuación de Clos Gómez pudo afectar a los nervionenses. Pero no es excusa. El colegiado perjudicó a los dos equipos: al Madrid, porque pudo señalar un penalti sobre Granero y ahorrarse la segunda amarilla a Carvalho; y al Sevilla, por castigar un par de fueras de juego inexistentes o dejar marcharse de rositas a Di María, que fingió un penalti, luego una agresión y no fue expulsado.

Posiblemente, un empate hubiera sido el resultado más justo. Pero además de orden hay que tener acierto y el Sevilla fue incapaz de marcar un solo gol al peor Madrid que se recuerda en las últimas jornadas, sin duda lejos del nivel que hoy por hoy demuestra tener el Barcelona. Justificar su mal partido en la ausencia de Higuaín, Xabi Alonso o Marcelo sería demasiado.

CON DOS DELANTEROS. En el caso del Sevilla, y pese a la ausencia de futbolistas de gran peso específico como Jesús Navas, Kanouté o Perotti, además del sancionado Alexis, Manzano apostó por alinear a dos puntas: Luis Fabiano y Negredo. Ellos fueron la referencia de un equipo que, desde el inicio, demostró sus carencias a la hora de controlar y jugar la pelota. La forma de atacar fue, por lo general, surtir de balones en largo a los delanteros o exprimir las acciones a balón parado.

Y a punto estuvo de lograr premio. Un cabezazo de Escudé perdido junto al palo tras un saque de esquina y un disparo de falta lejano de Romaric que rechaza Casillas pusieron en vilo a un Bernabéu que no terminaba de ver carburar a su equipo.La culpa la tenía el Sevilla, que no le permitió contragolpear pese a sus continuas pérdidas de balón.

El equipo de Mourinho sólo tuvo una ocasión en toda la primera parte, un disparo lejano de Di María que Palop despejó como pudo. Nada más. Romaric y Zokora se esforzaron ante Khedira y Lass y echaron una mano tapando a Özil, inocuo. Como Benzema, despistado y siempre incurriendo en fueras de juego. Konko, por delante de Dabo, también echó una mano para tapar a Cristiano Ronaldo. El portugués sólo apareció en un par de acciones puntuales y en algunos lanzamientos de falta.

ADIÓS AL BUEN HACER. El problema, sin embargo, es que para ganar en el Bernabéu hacen falta muchas más cosas. Y una de ellas es no perdonar al Real Madrid. Entre que cuando el Sevilla se acercó al área no supo servir buenos balones, que Negredo mandó un gol cantado a las nubes y que el equipo en general fue incapaz de aprovechar su superioridad numérica, resultó imposible. El Madrid jugó con un hombre menos desde el minuto 62 pero el Sevilla, en lugar de ir a por él, no volvió a generar más ocasiones de peligro.

Una incursión local permitió a Di María, solo como la una, recibir la pelota en el segundo palo, esquivar la salida a la desesperada de Palop y batir a éste. El gol fue demasiada losa para el Sevilla, que por mucho que lo intentó no supo llegar con claridad y terminaría doblegándose. Una lástima tirar todo por la borda cuando parecía que el equipo reaccionaba. Y a Del Nido no le ha gustado nada, nada, lo que vio.

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