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Democracia y respeto

Creo que quienes conocimos la Dictadura de Franco sabemos valorar de manera especial qué ha supuesto la Democracia en la vida de este país.

el 15 sep 2009 / 00:57 h.

Creo que quienes conocimos la Dictadura de Franco sabemos valorar de manera especial qué ha supuesto la Democracia en la vida de este país. Quienes combatimos por los valores democráticos sabemos del significado de la libre circulación de las ideas como garantía de la convivencia ciudadana. De ahí que la inflación de acontecimientos mediáticos, la aceleración del tiempo vital y el descrédito de la política partidaria aparezcan como una neblina que, a veces, parece que ensombrece el papel de la Democracia. O, dicho de otra manera, el valor que comporta la Democracia y que debe ser respetado, y no olvidado, porque eso es lo que hace que se ejercite como un compromiso cotidiano por la ciudadanía.

Con esa premisa, unas elecciones son un magnífico escaparate de virtudes y vicios públicos. Porque los procesos sociales remiten a comportamientos humanos y los procesos políticos a liderazgos personales, y ambos hablan de la calidad de la Democracia. Pero ¿qué pensar de quien reclama una versión elitista de la decisión pública para proponerse como alternativa a un "régimen" (sic)? A eso se llama fascismo. O ¿qué pensar de quien, sin argumento, puede esgrimir un "usted ha agredido a las víctimas del terrorismo"? A eso se llama fascismo.

Pero, quienes conocimos la Dictadura sabemos que esos son los costes de la legitimidad democrática; sabemos cómo se construyó la Transición y sabemos que, al vivir, hacemos futuro y que éste no queremos que pertenezca ni a populistas ni a fascistas. Por eso mismo, ¿por qué cuesta tanto trabajo ser respetuosos con los ciudadanos o con aquéllos a los que les acompaña el compromiso personal con la Democracia? Supongo que cuesta trabajo porque el respeto caracteriza a los demócratas, y a otros tan sólo el deseo de poder.

Director del Centro de Estudios Andaluces

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