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Derecho se estrena en la Pirotecnia

"Señorita, soy catedrático desde el 79 y, por primera vez, tengo un despacho para mí solo". El catedrático de Derecho Mercantil José María Viguera dio ayer su primera clase en la nueva facultad de Viapol. Foto: J. Díaz

el 15 sep 2009 / 21:04 h.

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"Señorita, soy catedrático desde el 79 y, por primera vez, tengo un despacho para mí solo". El catedrático de Derecho Mercantil José María Viguera dio ayer su primera clase en la nueva facultad de Viapol. Y lo hizo sin un atisbo de la "lógica nostalgia" que, según el decano de Derecho, Antonio Merchán, sienten algunos por haber abandonado una sede "histórica", como lo es la Fábrica de Tabacos. "El cambio no me parece en absoluto traumático. Con las críticas [encabezadas por un grupo de profesores, con el catedrático Antonio Ojeda Avilés al frente] pasa lo mismo que en la mili: siempre hay alguien que se queja de la comidad", subraya.

Aunque el flamante campus abrió sus puertas el pasado 7 de enero [cuando reanudó el curso Ciencias del Trabajo tras las fiestas navideñas], ayer fue de hecho el día de su estreno. Todo estaba en funcionamiento. Incluso la biblioteca (con capacidad para 800 personas), donde ya había problemas para lograr un sitio donde prepararse los primeros exámenes. Era el caso de Rocío Vizcaíno, alumna de primer curso de la titulación conjunta de Derecho y Administración de Empresas. Pese a haber estado tan sólo tres meses en el antiguo edificio del Rectorado, esta joven reconoce que le gustaba más "la otra facultad". No es la única que ha sentido el peso de la historia. Javier y Mariam, de Utrera, ponen pegas a las flamantes aulas: "Son más pequeñas", afirman entre mordisco y mordisco a un generoso bocadillo de tortilla.

El vicedecano de Infraestructuras de Derecho, Rafael Zafra Espinosa de los Monteros, no suelta el móvil. "Bien, bien, todo bien", va respondiendo a unos y otros. "Desde la siete de la mañana me ha sonado muy poco el teléfono. Eso es buena señal", dice con una sonrisa contenida -porque en cualquier momento se puede torcer el día-.

La facultad ha editado una guía del nuevo campus para que los 3.800 alumnos y varios cientos de profesores se orienten. Más de uno lo agradeció. Y si no, los estudiantes más avezados hicieron de cicerone de sus compañeros. Lo primero que había que ubicar: la cafetería. Hay cosas que no han cambiado con el traslado. Como el precio del café y la tostada: 0,90 y 0,85 respectivamente. "Ya se nota que han llegado los de Derecho", acertaba a responder uno de los camareros en medio del trasiego de la hora punta del desayuno. El segundo lugar más importante que había que señalar en el mapa era la copistería. Las colas eran el signo inequívoco de que la facultad quedaba oficialmente inaugurada.

Pero como el que estrena casa, aún faltan por pulir detalles. Por ejemplo, la sala de estudio 24 horas. "Por ahora", explicaba el vicedecano de Infraestructuras, "funcionará de 8 a 22.00 horas de lunes a viernes y de 8 a 14.00, los sábados".

Las cajas en las que se han trasladado libros, papeles y enseres continúan apiladas en los pasillos del edificio, donde pintores y limpiadoras no paran de trabajar. "Estamos colocando las barandillas y las rampas que la Gerencia de Urbanismo ha pedido en el último momento para la licencia de ocupación", aclaraba uno de los responsables técnicos de los trabajos que se han hecho en el edificio. Las máquinas que aún no se han ido son las de Metro de Sevilla. La empresa se comprometió a terminar la reurbanización de la entrada principal -la que da a Viapol- para el día de ayer. El ruido de las hormigoneras eran la prueba evidente de que el compromiso se había incumplido.

En cualquier caso, esta entrada no va a ser la más transitada. La que da al apeadero de cercanías de San Bernardo [calle Ramón Carande] fue ayer un hervidero de estudiantes procedentes de los pueblos del área metropolitana para los que, al margen de la estética, el traslado a Derecho ha sido todo un acierto. "Podemos dormir un poco más", reconocía uno con los ojos aún hinchados.

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