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Derechos low cost

La crisis económica nos ha sumergido en una época donde los derechos están a precios de saldo.

el 15 feb 2012 / 11:41 h.

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El futbolista inglés David Beckham ha pasado de ser el rostro de la glamourosa Armani para anunciar calzoncillos para una firma asequible a todos los bolsillos.

No se asusten. No pretendo hablar de las bondades futbolísticas ni físicas de la otrora estrella del balón David Beckham. Pero la campaña publicitaria que protagoniza el futbolista inglés para una conocidísima marca de ropa es una excelente metáfora (frívola, lo reconozco) de la situación actual. El astro, hasta no hace mucho tiempo, rostro de la cotizada y glamourosa Armani ha vendido sus encantos a una firma cuyo principal tirón son sus diseños a precios asequibles a cualquiera de los bolsillos. La crisis nos ha sumergido de lleno en una época donde los derechos están a precios de low cost. Los mercados, con los políticos como sus principales propagandistas, nos han convencido de que lo mejor es conservar lo que tenemos. El cómo no importa.

Que conste que asumo que estarán ya hartos de que, encima de estar pasándolas canutas, les echen un sermón. No teman. No les exhortaré a que acudan a las manifestaciones del próximo 19 de febrero para protestar por la reforma laboral. No les animaré a clamar contra los recortes que empiezan a dejar en los huesos el Estado del Bienestar. Ni siquiera les conminaré a que ejerzan su derecho al pataleo. Pero tal y como están las cosas, sí se hace necesario reflexionar sobre el modelo que hemos contribuido a construir y si estamos dispuestos a cambiarlo. En una campaña difundida por el movimiento Attac llamada La economía del bien común se apuesta por poner a la persona en el centro de la economía.

Gestionar y planificar pensando en ella. Si así se hiciera, quizás no tendríamos que ver cómo las ayudas destinadas a las organizaciones sociales se ven mermadas hasta dejarlas en cifras ridículas. Porque estas organizaciones son las que consiguen, moviendo cielo y tierra, que un inmigrante que después de muchos años ha conseguido reagrupar a su familia en Sevilla, no tenga que llamar al otro lado del charco pidiendo auxilio. Porque estas organizaciones, sus trabajadores, han renunciado en muchas ocasiones a cobrar sus sueldos para que un inmigrante pudiera seguir subsistiendo hasta encontrar un empleo. Porque estas organizaciones han peleado para que los derechos de los empleados domésticos se respeten.

Y así podríamos estar hasta el día de juicio final. No saldremos de esta apabullante crisis si seguimos pensando en nosotros mismos, si no nos ponemos en modo comunidad frente al ya tradicional yo me lo guiso, yo me lo como. Me dirán: qué ingenuidad. Nuevamente, lo acepto, pero a los hechos me remito. Si todo un sistema sanitario como el andaluz no se hubiera puesto a pensar en cómo ayudar a familias como la formada por Antonio y Mélani, no habría nacido Estrella, gracias a la cual su hermano Antonio podrá vencer la aplasia medular severa que padece y que le impide que su médula genere la sangre que necesita para vivir. El Estado del Bienestar tiene nombres y apellidos. Rostros que se difuminan con tanta tijera como anda suelta.

"No hay mayor desprecio que no hacer aprecio", dijo ayer el presidente del Gobierno en relación a las parodias del guiñol de Canal Plus en Francia en las que ironizan sobre el hecho de que nuestras máximas figuras del deporte (como el tenista Rafa Nadal) ganen año tras año los grandes torneos con la ayuda de sustancias prohibidas. Escuchando a Rajoy tirando de refranero popular (una fórmula que nuestro campechano líder gusta mucho de usar) uno no puede más que preguntarse si no será entonces que el PP no tiene mucho aprecio al Estado del Bienestar y por eso no tiene reparos en desmantelarlo lentamente. Les confieso que no guardo muchas esperanzas en que las cosas cambien si de los políticos depende. No hay más que mirar a la orilla izquierda y ver cuán preocupados están en el PSOE por evitar que los derechos se sigan devaluando. El bochornoso espectáculo que han dado en Andalucía en la redacción de las listas para las próximas elecciones autonómicas es una prueba de ello. A un neófito en las cuitas internas propias de un partido el mensaje que les ha llegado es el siguiente, resumiendo mucho: a estos solo les preocupa qué va a ser de lo suyo.

Y de las decepciones, a las mentiras. Como las que sin sonrojarse son capaces de decir aquellos que aseguraron que ni subirían impuestos ni abaratarían el despido. Teniendo en cuenta pues este panorama, quedan entonces dos opciones posibles: o asumimos que ya no podemos creernos a nuestros políticos y, por tanto, ya no sufriremos ni nos escandalizaremos por los giros de 180 grados; o apostamos por contribuir, cada uno desde su ámbito, a hacer una sociedad más justa. De lo contrario, acabaremos medio en pelotas como Beckham.


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