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Derrota del Cajasol en Málaga (89-64)

El Unicaja Málaga hundió un poco más al colista de la Liga ACB, el Cajasol, con una victoria por 89-64 en un encuentro en el que, tras sestear en la primera mitad, apretó lo necesario después para pasar por encima de su rival.

el 15 sep 2009 / 21:31 h.

El derbi entendido como partido de rivalidad entre dos equipos de un ámbito geográfico cercano no puede aplicarse a este duelo. Es tanta la diferencia que la competición no existe entre ellos, es tanta la diferencia que es como si jugaran dos competiciones diferentes. Y lo harán cuando concluya la liga salvo que Obradoiro y Murcia no encuentren los patrocinadores que necesitan para subsistir.

La vía deportiva hay que descartarla. Los jugadores también la han descartado, desde hace tiempo. Ayer jugaron con una doble excusa. Las derrotas, desde la victoria de la Asamblea de la ACB, tienen un peso relativo; por otro lado, era día para acomodarse, una vez más, al papel de equipo pequeño. Y ese es el papel que desempeña como nadie este Cajasol. En el derbi hace tiempo que ya sólo hay una incógnita a resolver: el tamaño de la paliza. No hay más. La tragicomedia duró exactamente diez minutos, los diez primeros. El resto, que es casi todo, se convirtió poco menos que en minutos de la basura. Es el síndrome de Diógenes que padece el Caja desde principios de temporada. Acumula partidos y partidos de baloncesto basura. Como en esos trastornos que de cuando en cuando saltan a las primeras planas de los medios de comunicación, el Cajasol está en situación de abandono. Entre la basura hallarán una gran cantidad de dinero y todos se preguntarán cómo un adinerado puede llegar a semejante situación. La conclusión es la misma que en esos dramas humanos. Tan importante como poner dinero es el cariño, el interés, no contratar profesionales para que resuelvan los problemas, porque muchas veces no los resuelven. Luego extraña que tras veinte años la relación entre el primer club y el baloncesto sevillano tenga lazos tan poco familiares. Aún se miran con recelo. Y el síndrome de Diógenes suele acabar en incendio y destrucción.

Milisavljevic tampoco va a ser la solución. El base serbio entró ayer con mal pie. Perdió infinidad de balones, no dotó de sentido al juego y ni siquiera hizo gala mínimamente de la fama que dicen tiene de anotador. Lo peor, no obstante, estuvo en las zonas, donde Unicaja causó un estropicio sonrojante. Entre los cuatro postes del equipo de la Costa del Sol anotaron 56 puntos y forzaron 17 faltas personales (quince tiros libres). Cuando la defensa de los hombres de Aíto García Reneses dejó de hacer caridad (17-20), al Cajasol le entró el ahogo y se diluyó a la velocidad de la luz bajo los pies de Ndong, Haislip, Germán Gabriel y Archibald, que convirtieron un partido de liga en una exhibición de pretemporada. Luego, Unicaja bajó el pistón para que muchos de los jugadores del equipo de Pedro Martínez maquillaran sus vergüenzas. Triguero anotó su primera canasta para cerrar un parcial de 13-0 con ¡62-36!; Savanovic fue una broma, Ellis estuvo en su línea, Miso al parecer salió, como Ilic. De Pecile hubo noticias por los balones que perdió, como el nuevo; Caner-Medley parecía bueno hasta que se midió con Haislip... en fin, es el derbi, el maldito derbi.

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