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Desconcierta más que denuncia

el 29 abr 2013 / 11:55 h.

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Por Lola Pantoja Obra: Aventura" Lugar: Teatro Central, 26 y 27 de abril Compañía: T de Teatre Autor y Dirección: Alfredo Sanzol. Intérpretes: Mamen Duch, Marta Pérez, Carme Pla, Albert Ribalta, Jordi Rico, Ágata Roca Calificación: Tres estrellas Es propio del teatro contemporáneo conectar y comprometerse con la realidad, renunciando a llevar a cabo un reflejo fiel de ella, a fuerza de recalcar el carácter ficticio que tiene toda obra teatral. Esta nueva propuesta, con la que Alfredo Sanzol pretende adentrarse de lleno en la denuncia del miedo que se esconde tras la crisis económica y moral que atenaza nuestro país, es un claro ejemplo. La historia es aparentemente sencilla y cotidiana: los socios de una empresa reciben una oferta de compra de un empresario chino y, aunque la empresa no va mal, deciden venderla antes de que la crisis pueda llegar a reducir sus beneficios. Así, al comienzo el relato gira en torno al conflicto que causa en los personajes la necesidad de decantarse por dar un cambio brusco a sus vidas, lejos de lo que hasta entonces ha sido su hogar, mientras huyen a otros países y lugares más seguros. Con ello, el autor entra de lleno en lo que quiere denunciar: que en las sociedades capitalistas occidentales el miedo a la pérdida del estatus puede ser incluso mayor que el miedo a la pérdida de nuestros seres queridos y nuestros arraigos. Lástima que para reforzarlo introduzca al final un elemento tan recurrente como disparatado. Fiel a su estilo Alfredo Sanzol construye una dramaturgia compleja en cuanto a su entramado formal, trasgrediendo las coordenadas espacio-temporales y encajando las acciones a la manera de un puzzle. En ese sentido llama la atención que se decante por un maridaje entre la comedia del absurdo y la comedia burguesa de guante blanco, dando lugar a un discurso frívolo que, más que denunciar, desconcierta. De la misma manera la puesta en escena, a fuerza de querer ahondar en las claves tragicómicas,  abusa de las acciones vacías de contenido y alarga en exceso las escenas, delimitando un ritmo irregular y un tanto tedioso, así como un espacio escénico tan frío como neutro que se ve reforzado por la música incidental, de corte secuencial, de la que se sirve para llevar a cabo las transiciones. No obstante, por fortuna todos los intérpretes demuestran maestría y dominio recreando unas máscaras cotidianas que, aunque no consiguen despertar los mecanismos de identificación y proyección en el espectador, despiertan cierta complicidad en cuanto al humor que desprenden.

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