Local

Despacho de vinos y coloniales

Una tienda para viajar en el tiempo a esos ultramarinos donde se nos hacía la boca agua.

el 16 dic 2011 / 09:26 h.

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Aunque no es excesivamente antigua, data de hacia 1995, entrar en La Alacena Real nos lleva a aquellas antiguas tiendas de ultramarinos que llenaron la imaginación, más que los estómagos, en años de más hambre que ahora, pero de mejores productos y más auténticos. Hasta la pálida luz amarillenta del local nos evoca épocas pasadas, como esas tiendas de película de posguerra hecha por director progre donde el empresario siempre es un estraperlista que se aprovecha de la viuda del pobre rojo represaliado.

El local fue en su día un centro de adaptación de películas europeas que, al parecer, como nos pasaba con las vías del tren, tenían un ancho diferente, al menos es lo que nos cuenta el propietario, Juan Riesco, un hombre que encaja perfectamente en el ambiente, tanto él como su mujer, Carmen, que es de Castuera, lucen el baby azul propio de antiguos tenderos. Juan proviene de una familia quesera de Salamanca, hombre corpulento y de venerable barba blanca que parece un Melchor hispánico de los ultramarinos, que nos traerá dulces viandas como premio.

Todo lo que nos rodea es comestible o bebestible, chacinas, quizás la única nota de modernidad sea la vitrina climatizada de éstas, pues hasta los quesos están alineados en estanterías de madera colgadas de la pared, jamones colgados de ganchos sobre azulejos blancos, y, llenando más estantes, cajas de galletas, latas y frascos de conservas, canastos de mimbre con huevos, hierbas aromáticas y, en estos días, una selección de productos navideños, entre los que no faltan mantecados y polvorones de Medina Sidonia y de Tordesillas que se venden al peso. Hasta sifones de los de toda la vida, de los que te cobran una fianza por la botella, son de la única fábrica que queda en Sevilla, Gaseli, allá en el Tiro de Línea. No faltan los buenos aceites de oliva de diversas zonas olivareras españolas.

Aperos de labranza, carteles y botellas antiguas, que bonito el cartel del anuncio del legítimo salchichón de Casa Riera, magnífico el detalle del conmutador eléctrico antiguo, debajo de unas mazorcas de maíz, hasta una báscula Montaña hay en el mostrador, con su logo de Atlas llevando el globo del mundo a la espalda; un cantimplora de madera, en fin, detalles entrañables que nos hacen sentir en un sitio donde se aprecia lo auténtico. Una doble puerta cierra el almacén donde se adivina una buena colección de botellas antiguas.

El otro lado de la tienda es una bodega hecha de obra, nichos con paredes de ladrillo visto y crucetas encaladas que acogen diversas etiquetas de vinos de las diversas zonas vinícolas españolas, botellas en la mesa del centro y cajas que se reparten por el suelo de la estancia llenan el local de buenas tentaciones para llevarse.

En una visita a La Alacena Real será difícil no salir con una bolsa de buenos productos para darnos un buen homenaje en casa y, de paso, contribuir a que no decaigan negocios como éste que dan sabor y color al pequeño comercio sevillano, esperemos que cumpla muchos años más ofreciéndonos lo mejor de las despensas españolas.

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