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La duquesa de Alba ya es de Sevilla para siempre

Multitudinario adiós en las calles. El cortejo fúnebre hacia la Catedral discurrió entre aplausos y vítores. Íntima despedida en Los Gitanos. La familia depositó las cenizas en el santuario en un breve y emotivo acto.

el 21 nov 2014 / 18:03 h.

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LAS CENIZAS DE LA DUQUESA DE ALBA REPOSAN EN LA CAPILLA DE LOS GITANOS Las cenizas de la duquesa de Alba reposan ya en la capilla de Los Gitanos. / EFE (FOTOGALERÍA) La XVIII duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, descansa ya en paz y para siempre junto a su Cristo de la Salud y María Santísima de las Angustias, como ella quería. La intimidad de la “breve” pero “emotiva” ceremonia celebrada dentro del templo de la hermandad de los Gitanos para depositar la mayor parte de sus cenizas –solo una pequeña parte reposará en el panteón de los Alba en Loeches (Madrid) por respeto a la tradición familiar- contrastó con el multitudinario adiós que los sevillanos le brindaron por la mañana en el camino que el cortejo fúnebre recorrió desde el Ayuntamiento, donde más de 80.000 personas pasaron por la capilla ardiente entre el jueves y las primeras horas de ayer, hasta la Catedral, donde el cardenal Carlos Amigo Vallejo y el arzobispo de Sevilla Juan José Asenjo oficiaron la misa funeral ante 4.500 personas. Si por la mañana miles de sevillanos se echaron a la calle para despedir a la duquesa y arropar a su familia entre aplausos, vítores y hasta palmas al compás como las escuchadas a la salida del féretro de la Catedral, el recibimiento a las puertas del santuario de Los Gitanos fue más íntimo. Como lo fue –por expreso deseo de la familia- el acto celebrado en el interior para depositar sus cenizas en un sitio preferente a la izquierda de sus queridos Cristo de la Salud y María Santísima de las Angustias –vestida de luto por el calendario litúrgico de este mes de los Difuntos-, tras una lápida en la que la hermandad, como destacaba su hermano mayor, José Moreno, ha querido recordar a todo el mundo que ese templo fue reconstruido gracias a su hermana más ilustre y “gran benefactora” de la misma. “Aquí reposan las cenizas de nuestra hermana Doña Cayetana Fitz-James Stuart de Sevila, Duquesa de Alba. Camarera de honor de María Santísima de las Angustias, Medalla de Oro y gran benefactora de esta hermandad de los Gitanos gracias a cuya contribución y ayuda fue posible la reconstrucción de este Santuario. Estará por siempre en la memoria de nuestra hermandad”, reza la lápida colocada en la capilla, bajo un cuadro de la Resurrección donado por la duquesa. A ambos lados quedaron las coronas de su viudo, Alfonso Díez (“No sé si he sabido decirte lo que te he querido, te quiero y te querré” dice su leyenda), sus hijos y nietos y la propia hermandad. En ella depositaron los familiares de la duquesa, tras besarla uno a uno entre lágrimas, la urna que portaba los restos mortales de Cayetana de Alba, que fue incinerada tras la misa funeral en el cementerio de San Fernando. Personal de la Casa de Alba y hermanos de los Gitanos la llevaron al Palacio de las Dueñas, donde los familiares descansaban un rato tras una dura y ajetreada mañana. Fue su hijo Cayetano Fitz-James, uno de los más vinculados a la hermandad, de la que fue costalero, el encargado de portarla a la llegada de la familia, sobre las 17.45 horas, al templo, en cuya puerta eran recibidos por la Junta de Gobierno de Los Gitanos, con el estandarte de la hermandad. El hermano mayor se fundió en un abrazo con el viudo de la duquesa, algo más tranquilo que durante el funeral de la mañana -en el que junto a su hija Eugenia pudo vérsele especialmente afligido-, así como con su hijo mayor y futuro duque de Alba, Carlos Fitz-James, y el propio Cayetano, a quienes les entregó una vara antes de acceder al templo. En el interior, la urna fue posada durante unos momentos a los pies del Señor de la Salud, donde se ubica el columbario en el que la duquesa dijo querer ser enterrada, si bien la hermandad ha querido dar un lugar especial a quien tanto hizo por ella. Tras rezar una Salve, el rector del Santuario, José Dobado, ofició un breve responso mientras que el capellán de la familia y confesor de la duquesa, Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, dirigió unas palabras que desbordaron las emociones de los presentes, a quienes instó a permanecer unidos, según informó Efe (único medio al que se permitió la entrada durante el acto). Durante toda la ceremonia, que a la salida Carlos, Cayetano y Jacobo coincidieron en calificar como “muy emotiva”, Cayetano sostuvo la urna con las cenizas de su madre, que reposarán para siempre en Sevilla “como ella quería”, recordó éste al salir tras agradecer el cariño que la ciudad demostró al despedirse ayer de la duquesa. A las 19.00 horas, la iglesia abrió sus puertas para permitir el acceso al público congregado. LAS CENIZAS DE LA DUQUESA DE ALBA REPOSAN EN LA CAPILLA DE LOS GITANOS Los restos de Cayetana de Alba reposan en una capilla lateral de la iglesia. / EFE Terminaba así una dura pero emotiva jornada para los Alba, que desde primera hora de la mañana estuvieron arropados por miles de sevillanos para dar el último adiós a la duquesa. Tras la jornada del jueves, en la que 80.000 sevillanos –según el Ayuntamiento- pasaron por la capilla ardiente instalada en el Salón Colón de la Casa Consistorial, la misma volvió a abrir sus puertas a las 9.00 horas y hasta que se cerró a las 11.00 el goteo de público que quiso despedirse de Cayetana de Alba fue incesante. También se acercaron hasta allí algunos amigos de la familia como los componentes del grupo Siempre Así, César Cadaval de Los Morancos, El Lebrijano o personalidades como el presidente del Senado, Pío García Escuredo –que representó a la Cámara Alta mientras que el ministro de Defensor, Pedro Morenés, acudió al funeral en nombre del Gobierno- y la cuadrilla de costaleros del palio de la Virgen de las Angustias. Poco después del cierre de la capilla, Alfonso Díez y Carlos Fitz-James, acompañados por el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, emprendieron a pie el camino a la cercana Catedral para recibir a la infanta Elena, que acudió a la misa funeral en representación de la Casa del Rey. Minutos antes del mediodía, hermanos de Los Gitanos y personal de la empresa funeraria bajaron las escalinatas del Ayuntamiento y portaron el féretro con los restos mortales de la duquesa hasta el coche fúnebre que habría de llevarla a la Catedral, con la corona de la hermandad de Los Gitanos en el capó y la de su viudo en la parte de atrás. El resto del centenar de coronas que desde el jueves llegaron al Ayuntamiento se repartieron en cinco coches que precedían el cortejo. Entre ellas, las de los Reyes, el presidente del Gobierno, la Corporación municipal y otros ayuntamientos españoles, el Consejo de Hermandades y Cofradías, la Real Maestranza de Caballería, los dos equipos de fútbol de la ciudad, el personal del Palacio de las Dueñas, toreros como José María Manzanares o Enrique Ponce y artistas como Raphael, Antonio Banderas, Alejandro Sanz o Isabel Pantoja, que también ayer fue noticia por su ingreso en la prisión de Alcalá de Guadaíra para cumplir condena por blanqueo de capitales. lagrimas-gitanos-duquesa-ceDetrás del coche con el féretro, cubierto como en la capilla ardiente por la bandera de España y el escudo de la Casa de Alba –unas azafatas portaban delante del coche en sendos cojines los títulos y varios reconocimientos de la fallecida- marcharon a pie los familiares, Alfonso y Cayetano en primer término, seguidos de Eugenia y su hija Cayetana, Jacobo y su mujer Inka Martí, y Fernando, así como los nietos de la duquesa, sus exnueras María Eugenia Fernández de Castro y Genoveva Casanova, el Gobierno municipal, el líder del PSOE, Juan Espadas o el hermano mayor de Los Gitanos, entre otros. Una cerrada ovación rompió el respetuoso silencio que se impuso en la Plaza Nueva momentos antes de la salida del féretro y los aplausos ya no dejaron de acompañar al cortejo fúnebre a lo largo de toda la Avenida de la Constitución, entre comentarios de lo “buena que era” y deseos de “ánimo” a los familiares, eso sí, sin desperdiciar la ocasión de hacer una buena foto con el móvil. Pero uno de los momentos más emocionantes fue la llegada del féretro a la puerta de San Miguel de la Catedral, donde se congregó más público –incluso en los balcones- entre sevillanos y visitantes atraídos por la expectación. Varios nietos de la duquesa fueron los encargados de sacar el ataúd del coche y llevarlo al interior del templo, de nuevo entre aplausos y algún que otro “viva la duquesa”. Algunos accedieron tras él para escuchar la sentida homilía del cardenal Carlos Amigo Vallejo. Otros se quedaron por los alrededores esperando la salida, a los que se unieron más para ver salir de nuevo al cortejo, despedido en el dintel por Amigo Vallejo y monseñor Asenjo con un “descanse en paz”. De nuevo los nietos de la duquesa portaron el féretro hasta el coche, seguidos de Alfonso Díez, muy afectado, y sus hijos –Cayetano estuvo especialmente cariñoso con la gente-. Y entonces el aplauso de los sevillanos se tornó en palmas al compás como las que tanto animaban a la duquesa a arrancarse a bailar. Quizás para dejarle claro que esa espinita que tenía clavada por haber nacido en Madrid desapareció ayer porque Cayetana de Alba se ha quedado en Sevilla para siempre.

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