Cofradías

Despedidas en el Arco

Loreto y Guillermo Prieto dicen adiós como capataz del Sentencia y capitán de los armaos respectivamente.

el 09 mar 2011 / 19:59 h.

La última ronda con el casco de penacho de plumas blancas. La última llamá con la cuadriga de plata. Las de este año serán sus últimas estaciones a las plantas del Sentencia. Uno como capitán de la Centuria y el otro como capataz. Ignacio Guillermo Prieto y Miguel Loreto Bejarano vivirán una Madrugá de despedida, en la que seguro les costará aguantar las lágrimas cuando el Viernes Santo por la mañana el paso de misterio enfile el Arco y sea engullido por la basílica. Será la hora de decir adiós a sus respectivos cargos después de toda una vida de entrega macarena.

"La decisión es dura y cuesta tomarla, pero una retirada a tiempo es una victoria. Tengo 61 años y ya los reflejos no son los mismos". Es la explicación que da Loreto a su retirada tras 34 años capitaneando el barco del Sentencia, una responsabilidad que le ha aportado muchas alegrías desde que con sólo 27 años acariciara este martillo junto a Alejandro Ollero: "Ya te puedes imaginar... Es la única hermandad que he tenido. He seguido este año por mi ahijado Javi, un macarenito de ocho años que es un enamorado del Sentencia. Él ha llorado más que yo", asegura con su singular voz el lazarillo del Señor de San Gil.

Las mismas razones son las que han llevado a Guillermo Prieto a colgar la coraza y pasar a la reserva activa. El que durante diez años ha sido capitán de los armaos y 33 como integrante de la tropa macarena señala que éste es el momento. "Siempre he pensado que me tenía que ir a la mitad de un mandato de junta. Lo tuve claro desde que me nombraron en noviembre de 2001. Es duro dejarlo, pero como en mi vida nunca he sido egoísta con nada, ahora mucho menos. Es un poco mirar por la Centuria. Hay que dejar paso a otros", confiesa este sevillano que heredó esta pasión de pequeño, cuando su tío y su primo venían de Gines a casa (en la calle Churruca) para enfundarse la ropa de armao.

De la mano de estos familiares dio sus primeros pasos a las órdenes del mítico Pelao (capitán) y José García como teniente, dos referentes en su carrera macarena.

En el petate se lleva muchos recuerdos, pero hay algunos que ocupan un lugar privilegiado, como la visita a los niños del hospital infantil: "Desde que llegué al cargo siempre dije que los armaos debemos de ir a lugares donde verdaderamente se necesita esperanza, y dónde se necesita más esperanza que allí donde hay pequeños enfermos y donde la fe llega a tambalearse un poco", argumenta, al tiempo que subraya que también se emociona cuando la tropa va a recogerle a la casa de sus padres (actualmente en Relator) y escucha los tambores: "Es algo inexplicable porque en Sevilla nazarenos hay miles y miles, costaleros ni te cuento, pero armaos solo los de la Macarena", reconoce Guillermo Prieto que oficialmente dejará su cargo en diciembre en la convocatoria de villancicos bajo el Arco.

Pero más que éste, para ambos va a ser difícil el próximo año, cuando ya no estarán tan cerca del Sentencia. Loreto, por ejemplo, no quiere ni pensarlo: "No me imagino una Madrugá lejos del paso y del cariño de los costaleros", que tantas veces le han hecho llorar: "Recuerdo una vez que sin decirles nada y recién muerta mi madre, volvieron el paso a mi casa... (se emociona)".

Por su parte, Guillermo Prieto mitigará su pena con la Señora: "Si Dios quiere el próximo año iré con cirio verde, en el último tramo de palio", apunta. Mientras eso llega, ambos se deciden a vivir esta Madrugá con la ilusión de aquel primer año que con chaqueta o casco cruzaron el Arco con el Sentencia.


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