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Cultura

"Después de papeles de tanto sufrir ya tengo ganas de hacer un poco el payaso"

Antonio de la Torre asegura que como actor trata de "ahondar en la complejidad humana" de la misma manera que lo intentaba "cuando trabajaba como periodista", y es que está convencido de que al final "ni los buenos son tan buenos ni los malos son tan malos"

el 04 oct 2014 / 12:00 h.

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A Antonio de la Torre le aterra la España actual en la que en los últimos años se ha estado «retrocediendo mucho». / Foto: Pepo Herrera A Antonio de la Torre le aterra la España actual en la que en los últimos años se ha estado «retrocediendo mucho». / Foto: Pepo Herrera Es su segunda película consecutiva con el director sevillano Alberto Rodríguez, con el que ya hizo de policía –con sus claroscuros y bastante atormentado– en su cinta anterior, Grupo 7. Ahora también le toca otro personaje oscuro, un papel de esos que intenta llenar de credibilidad para que no se le ve a él tras la piel de este barquero que tiene que expresar mucho con muy pocas palabras. Con su barquero de La Isla Mínima encadena varios personajes que sufren mucho, todos menos el de Los amantes pasajeros, que ahí sí se lo pasaba bastante bien. Sí, pero también tenía su conflicto, no crea. Pues no me lo había planteado así, pero sí es verdad que, pensando así en mi trayectoria muy a vuelapluma, yo que inicié mi carrera presentándome como un chaval con gracia y de comedia, al final parece que donde me he ido haciendo más sólido es en el drama. Tampoco me quiero encasillar, son circunstancias, pero es verdad que después de tanto sufrir ya tengo muchas ganas de hacer comedia y hacer un poco el payaso. Además, por lo visto en la película, va a resultar que tiene usted una cara muy hostiable... Pues sí, parece que sí, menos mal que los compañeros manejan bien la técnica... Las cosas se hacen sin ponerte en peligro, y mira que es difícil el equilibrio con la credibilidad, pero se trata de que sufra el personaje, no el actor, eso siempre a todos los niveles. ¿Es un punto verse llevando la barca de Coria? Tiene su punto y su reto, porque una de las grandes habilidades de Alberto [Rodríguez, director de La Isla Mínima] es que, aparte de los grandes personajes como los dos policías protagonistas, tiene papeles pequeños de gente muy pegada a la calle, y algunos son actores profesionales y otros no, logra muy bien ese puzzle de personajes que te preguntas que de dónde han salido. Y están muy bien porque le dan mucho vuelo a la historia, mucho realismo, así que para mí era un reto hacer el barquero y que te creyeras que es un tío de la zona, no que la gente diga que ya está Antonio de la Torre haciendo de barquero. Con Alberto Rodríguez ha pasado de ser policía a ser un barquero frente a unos policías, ¿no le hubiese gustado seguir en el cuerpo? Evidentemente no se dio la ocasión, pero también me gusta la oportunidad de cambiar, no sé si se dará repetir con un policía con Alberto, ojalá, pero pensándolo sobre la marcha está bien cambiar de personaje, probar otras cosas. Alberto es un tío muy fiable: me dijo «tengo un papel pequeño para ti pero muy importante en la película» y dije que perfecto. La verdad es que no me planteo lo que no he hecho, pero con Alberto pan y cebolla, no lo veo con envidia, lo veo con la alegría del que está en un papel más pequeño pero está, que es lo importante, en la que espero que sea una de las películas del año. Su policía de Grupo 7 es quizás más oscuro que estos dos, ¿no? Bueno, el policía de Javi [Gutiérrez] tiene guasa. No sé qué decirle, son diferentes, tiene en común con estos dos que tiene un pasado oscuro, que tiene un problema y esa cosa que Alberto tanto señala de la doble moral. En los personajes de Alberto, y en sus películas, el bien y el mal se mueven en una frontera difusa, y eso a mí me parece muy interesante porque forma parte de la vida y como actor está muy bien contar eso. ¿Amenaza con convertirse en un actor de referencia en el cine de Alberto Rodríguez? Ojalá. La verdad es que es muy difícil poner en marcha una película y pasa su tiempo, el único que rueda una vez al año es Woody Allen y porque es Woody Allen y por el tipo de películas que hace. Una peli cada dos años es difícil, pero Alberto, por su capacidad de trabajo y su talento, rueda con bastante continuidad, afortunadamente para él. Usted que es de la tierra, ¿conocía la marisma? Bueno, de ir al Estero a comer arroz con pato, he ido algunas veces de excursión a ver pájaros... Hombre, he podido ver sitios gracias al rodaje de la película donde se requerían permisos especiales. Esa es la suerte que tienes con el cine algunas veces, ya me pasó con Caníbal, que estuve rodando en la Loma del Tío Papeles, que es un lugar al que sólo van los guardas. De repente vas a sitios que son un privilegio. El de Caníbal es otro personaje que es la alegría de la huerta... Sí, jeje, pero me gusta eso, hacer personajes muy diferentes a como yo soy, porque esa es la gracia de actuar, irte a lugares que no transitas en tu vida normal. ¿Es el caso de este personaje en La Isla Mínima? Pues sí, porque es un tío muy atrapado en su vida, una mentalidad muy cerrada, un hombre emocionalmente muy duro, muy machista, piense que es un hombre que nació a finales de los 30 o principios de los 40. Es un hombre muy de su época en el amplio sentido de la palabra, es víctima y verdugo a la vez, alguien que quiere a su familia pero no puede expresarlo. Es un mutilado sentimental. De una época que se las traía. Desde luego, y me da miedo que en esta España haya cosas de aquella que tendrían que haberse quedado atrás, en ese sentido celebro que la ley del aborto haya quedado en un cajón. Pero hay mucho por hacer, mucho. Es que encima se está retrocediendo mucho: se está retrocediendo en el poder de la Iglesia sobre la sociedad, en el índice de paro, en cómo están acumulando poder los ricos y en el mayor nivel de pobreza, se está retrocediendo en la nutrición infantil en Andalucía, en que aumentan las ratios de alumnos en la escuela pública, en los intentos de privatización de la sanidad, en todo eso. Es duro revisitar aquellos años porque ahora no nos queda ni la esperanza que había entonces. ¿No suena eso muy duro? Sí, pero es así, lo que nos queda es el cambio y tomar de manera pacífica las instituciones en las urnas, como ciudadanos hacernos dueños de nosotros mismos. Y es posible el cambio porque están surgiendo alternativas ciudadanas, y no quiero dar siglas porque no quiero pedir el voto para nadie, aunque yo vote a Izquierda Unida. Lo cierto es que están surgiendo iniciativas muy interesantes que nos permiten pensar que los ciudadanos podemos ser dueños de nuestro destino, que está en nuestras manos.

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