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Destino final 5: Con la muerte encima

De nuevo en 3D como la cuarta parte, nos llega una nueva incursión en la saga arropada por la New Line, con un puente colgante como desencadenante de todo.

el 25 ago 2011 / 10:43 h.

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Con un género que desde hace más de una década no levanta cabeza, el hecho de que franquicias tan irregulares como las de Saw o Destino final sigan teniendo continuidad es un síntoma inequívoco de que la ansiada recuperación de los patrones que una vez hicieron grande al cine de terror están lejos de ser recuperados (al menos la primera, después de siete películas en sendos años consecutivos, ha tenido la decencia de dejar de torturarnos y ya ha dado por concluida su singladura). Y lo curioso es que ambas empezaron con un primer filme bastante digno que, de no haber continuado, habría quedado para la posteridad como una de esas cintas que, de cuando en cuando, vale la pena revisitar. El problema viene cuando Lionsgate por un lado y New Line por otro deciden prolongar la idea de partida (las torturas de Jigsaw en la primera franquicia, las escabrosas e imposibles muertes de la segunda) más allá de la primera parte, consiguiendo, en ambos casos, una repetición constante de los mismos esquemas que, en el caso de las cuatro partes de Destino final (cinco, con la que se estrena mañana) casi nunca pasan más allá de la espectacularidad con la que se ha ido reiventando su escena inicial.

En esta quinta entrega, Sam Lawton (Nicholas D'Agosto) tiene una premonición sobre la destrucción de un puente colgante que causaría su muerte y la de otras personas. La visión se hace realidad, pero Sam se las arregla para salvarse a sí mismo y a algunos otros de la catastrófica tragedia. Sin embargo, Sam y su novia Molly (Emma Bell) descubren que no están realmente a salvo: la muerte los persigue a ellos y a los que sobrevivieron al horrible accidente y no parara hasta que, uno por uno, estén todos muertos.

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