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Detenida la familia del fallecido en las Tres Mil por tirotear a los chabolistas

Un nuevo tiroteo en el Polígono Sur en venganza por la muerte de un joven de un disparo en la cabeza constata que la tensión no ha decaído en el mes y medio transcurrido desde el suceso. Unas 300 personas, 150 niños, huyeron por temor a represalias y viven en el campo. El padre y tres hermanos del fallecido están detenidos por disparar a uno de ellos.

el 16 sep 2009 / 02:42 h.

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I. Comesaña / D. Cela

Un nuevo tiroteo en el Polígono Sur en venganza por la muerte de un joven de un disparo en la cabeza constata que la tensión no ha decaído en el mes y medio transcurrido desde el suceso. Unas 300 personas, 150 niños, huyeron por temor a represalias y viven en el campo. El padre y tres hermanos del fallecido están detenidos por disparar a uno de ellos.

El tiroteo se produjo sobre las 14.30 horas del martes sin causar heridos y ha obligado a reforzar la seguridad con refuerzos de la Policía Nacional, que se han unido a la presencia de la Autonómica. Aunque ayer no se repitieron los incidentes, el intento de venganza se añade al conflicto abierto con las familias que huyeron y ahora viven en chabolas, entre las que hay un centenar de niños, 68 de los cuales estaban escolarizados en el Polígono Sur. Este segundo tiroteo constata que, a pesar de los 46 días que han pasado desde que los chabolistas huyeron, cualquier mínima incursión en el barrio pone en riesgo sus vidas, razón por la cual el Comisionado y los colegios ven difícil la reescolarización de los niños.

El martes, familiares del joven de 17 años muerto de un tiro cuando pasaba en coche junto a una pelea se topó con la furgoneta de una familia implicada en el tiroteo y los parientes de la víctima dispararon al menos dos veces a la furgoneta. Un patrullero detuvo de inmediato al padre y a tres hermanos del chaval, que pertenecen a una amplia familia gitana del barrio que durante los dos días de agonía que pasó el joven ingresado en el Virgen de Rocío amenazaron con vengarlo. Justo tras los 40 días de luto riguroso que marca la tradición gitana se ha producido el altercado. Fuentes cercanas a la familia de la víctima decían ayer que ésta insiste en que "no quiere ver" a nadie relacionado con los autores de la muerte. La Policía baraja que el hombre hubiera ido a los pisos vacíos a por enseres, lo que los chabolistas han intentado varias veces.

Las familias que huyeron, en cambio, mantienen que el hombre de la furgoneta es un "pariente lejano" que no se había ido al no estar implicado. Del barrio huyeron 300 personas, conocidas como caracoleños porque venían de caracolas prefabricadas de Los Bermejales y llegaron al Polígono hace cinco años. La mayoría no se integró y a la Policía le consta que muchos comerciaban con drogas y armas, por lo que los vecinos se alegraron de su marcha, y el Comisionado del Polígono Sur cerró sus pisos, adquiridos ilegalmente. El disparo que mató al joven se produjo ante estas casas, y aunque los caracoleños no son una familia, sino varias, al no estar claro quiénes dispararon se señaló a todos y huyeron ese mismo día.

Esta nueva agresión, cuyos detalles aún investiga Homicidios, respalda la postura del Comisionado, que se ha negado a que vuelvan a sus casas: porque la compra de viviendas fue ilegal, porque eran un núcleo en su mayoría conflictivo y porque el peligro de nuevos enfrentamientos afecta no sólo a los adultos, sino también a los niños. Aunque su escolarización es una prioridad, el Comisionado tiene claro que sus avances educativos se ven frenados en sus casas por el comportamiento de sus familias y necesitan ser dispersados para adaptarse. Destacan además, y los vecinos lo ratifican, que si volvieran a clase otros padres se llevarían a sus hijos por miedo, como ocurrió tras el tiroteo mortal.

Cómo volver a empezar. Las administraciones y entidades que trabajan con las 300 personas, entre ellas 150 niños, acampadas en chabolas en medio del campo lo tienen difícil. El Defensor del Pueblo ha abierto una queja de oficio, ha exigido una solución urgente a la situación de los menores y amenazó con llevar el caso a la Fiscalía, aunque al final Educación dio el paso trasladando un informe sobre 95 niños que considera absentistas -cifra que los profesores del Polígono Sur rebajan a 68-.

¿Pero por qué es tan complejo? Porque el problema no es llevarlos a otro sitio, escolarizar a los niños y punto, sino lograr que allí donde vayan se adapten. Y eso lleva tiempo, en especial porque muchas de estas familias tienen un lastre más allá de su escaso nivel socioeconómico: las hay arraigadas en la delincuencia. Lo primero se puede solucionar, lo segundo no. Si no existe una decisión firme de dar el paso y cambiar de vida, el trabajo será en vano. Es con lo que se topó el equipo del Polígono Sur.

El primer requisito en estos casos es que las familias que vayan a iniciar una nueva etapa tengan una forma, legal, de subsistir. El que la mayoría viva de recoger chatarra o de la venta ambulante no es ningún lastre siempre que al acabar su trabajo, en sus casas, asuman unos mínimos de higiene, hábitos saludables en el hogar, cuidado de los niños y respeto a sus vecinos. Las familias a las que se ayuda, al contrario de lo que muchos piensan, no viven de subsidios. El que se valgan por sí solos es una condición para que su proyecto de futuro funcione.

Eso exige actuaciones en varios frentes, como hacerles entender que el núcleo familiar no puede constituirse de 20 personas en un mismo hogar: la mayoría de las familias que están en el descampado forman grupos muy numerosos, y eso dificulta tanto encontrarles dónde ir como el que sean aceptados en su lugar de destino. Sin embargo, por difícil que sea, eso mismo se ha logrado antes, de hecho en decenas de ocasiones en los últimos años, con familias que procedían de chabolas pero entendían la necesidad de variar las costumbres que podrían molestar a sus nuevos vecinos.

Y evitar el rechazo es esencial, máxime cuando se trata de una cultura distinta. Por eso, el trabajo con estas familias no acaba cuando son realojadas, sino que es preciso un férreo seguimiento de su evolución. Ése ha sido uno de los éxitos para apuntalar los avances en el propio Polígono Sur, y existen también decenas de ejemplos de chabolistas realojados con éxito en distintos barrios de Sevilla en los últimos años.

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