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Detenidas 16 personas por falsificar tarjetas y estafar 600.000 euros

La red, liderada por asiáticos, se hacía con joyas, vinos y PC y los vendía en ‘negro’

el 07 may 2010 / 09:06 h.

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Collares de Bulgari, relojes de Cartier, bolsos de Tous, botellas de Cardhu Special y de Vega Sicilia, ordenadores, videocámaras, móviles, gafas de sol... La mesa montada ayer en la Comisaría Superior de la Policía Nacional daba cuenta de la efectividad de la red que acaban de desmantelar agentes de la Brigada Provincial de Policía Judicial, en colaboración con los responsables de Extranjería. Se trata de una operación en la que se ha detenido a 16 personas –todas de origen asiático, sobre todo chinos, más dos nigeriano–, acusados de falsificar tarjetas de crédito con las que compraban después material “de alto standing” que vendían en el mercado negro a precios irrisorios.
Sólo en los tres meses que ha durado la investigación, con el uso constatado de al menos cinco tarjetas, la organización ha estafado 600.000 euros, a una media de 3.000 euros al día, según informó ayer el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón. Entre los afectados no se encontraba ningún sevillano al que se le hayan robado los datos de la tarjeta, pues todas las víctimas procedían de Italia y Bulgaria, donde la banda tenía ramificaciones.
El grupo lograba datos de particulares en estos dos países, bien en cajeros o bien con dispositivos informáticos; un ciudadano rumano enviaba esos datos por correo electrónico al cabecilla de la red, un chino apodado A Ke, que ponía la información a disposición de los fabricantes de tarjetas falsas. A través de una máquina especial, grababan los datos en bandas magnéticas de tarjetas blancas que luego recubrían con plástico, incluyendo el logotipo de bancos de todo el mundo y con el nombre de otro miembro del clan. Así quedaban listas –“estaban bastante bien hechas”, confirma la Policía– para que otro grupo, el de los pasadores, fuese a las tiendas de lujo a hacerse con los productos. Estas personas venían desde Barcelona, efectuaban sus compras en Sevilla, le daban los efectos a sus jefes y volvían a la ciudad condal.
Garzón destacó la “complejidad” de la investigación, toda vez que los distintos estamentos de la banda estaban muy diferenciados y conectados por hilos muy sutiles, lo que a veces llevaba a los agentes que terminar en un punto muerto de la trama, sin saber cuál era el siguiente escalón. “Por eso el trabajo policial puede calificarse de brillante”.
En total, se han efectuado siete registros (en naves del Polígono Carretera Amarilla, domicilios y locutorios), se han hallado seis tarjetas recién acabadas y listas para su uso y otras 527 en blanco, además de varios productos comprados ilícitamente. La Policía Nacional confirmó que esos bienes eran vendidos posteriormente, por ejemplo, en bazares y restaurantes asiáticos, “a gente que sabía lo que ocurría”, por un precio muy inferior a su coste de mercado. Cuando ya tenían dinero líquido, los detenidos iban en ocasiones al casino del Aljarafe a buscar suerte con lo ganado.
La organización, aunque tenía a su cerebro y a sus principales colaboradores en Sevilla, tenía ramificaciones en Málaga, Córdoba, Cádiz, Barcelona, Madrid y Valencia, además de en Italia y Bulgaria. El cabecilla ya contaba con antecedentes por este mismo delito, por el que pasó tres años de cárcel entre 2003 y 2006. Diez detenidos están ya en prisión.

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