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Detenido tras hacer explotar el ascensor del edificio donde vive su hermana

El agresor sufrió graves quemaduras al manipular gasolina y está en el hospital.

el 20 jun 2010 / 08:51 h.

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Un hombre de 47 años, politoxicómano y con numerosos antecedentes penales, está hospitalizado con pronóstico grave después de sufrir graves quemaduras al intentar incendiar anteanoche el edificio de 10 pisos donde vive su hermana, junto a Kansas City.

El suceso se produjo pasadas las doce y media de la madrugada y dejó atrapados a varios vecinos en las plantas superiores hasta que los Bomberos lograron sofocar las llamas y, sobre todo, airear el humo que se concentró en los pisos de arriba, donde hubo gente que permaneció atrapada durante más de dos horas.

"Sabía a lo que venía -sentenciaban ayer los vecinos del bloque, donde viven 40 familias-, porque traía un bidón de gasolina. Quiso hacer arder el piso de su hermana, pero como su cuñado no le abrió, intentó quemar el ascensor", contaba un grupo de amigas reunidas en torno al quiosco situado frente al bloque, el número 17 de la calle 28 de febrero, paralela a Kansas City.

Las mujeres explicaron que el hombre, identificado como M.S.A. y que está detenido en el hospital, llegó de madrugada tratando de acceder a la vivienda de su hermana, con la que al parecer había discutido, como en numerosas ocasiones.

Al negarle la entrada, el detenido, que vive en las Tres Mil Viviendas, ejerce de gorrilla junto al hospital Virgen del Rocío y ha estado en prisión varias veces, se atrincheró en el rellano del bloque. Atrancó la puerta y colocó el bidón dentro del ascensor, pero al prenderle fuego la detonación le impactó de lleno, provocándole graves heridas.

Los servicios sanitarios se lo encontraron tirado en el suelo, malherido, con quemaduras de primer grado en la cara y las manos y el pelo chamuscado. "Ahora ha venido Lipasam a limpiar el enorme charco de sangre que dejó en el rellano -decían las vecinas ayer tarde-, porque se lo llevaron ensangrentado y con el brazo fatal. Dicen que puede que lo pierda".

En el momento de la explosión, Isabel acababa de quedarse sola en el 10-A. "Mi hija se lo cruzó en el ascensor  cuando salía de casa, diez minutos más y le coge el fuego", contaba aún asustada. Al oír la detonación se asomó a la ventana pensando que era el reventón de una rueda. Luego comenzó a oler a quemado: "Ya no pude salir porque el rellano estaba lleno de humo. Cerré todas las puertas, puse toallas y sábanas mojadas en el suelo y me fui a la habitación del fondo", explica, agradecida por los consejos que le dieron por teléfono los servicios de emergencias.

Para entonces, la columna de humo que salía del bloque era visible no sólo desde los barrios cercanos, sino incluso a través de las cámaras de tráfico municipales.

Los Bomberos lograron sofocar el fuego con rapidez, cuando aún no había llegado más que al primer piso, pero el humo había ascendido por el hueco de los ascensores y afectado a todas las plantas del edificio.

Los familiares de los vecinos empezaron entonces a agolparse a las puertas del bloque. El hijo de Isabel, preocupado por su madre, con la que no lograba contactar de nuevo por teléfono porque ésta estaba hablando con los técnicos del 112, subió las escaleras perseguido por los Bomberos, pero en la séptima planta le fue imposible respirar y rompió el cristal de una ventana para sacar la cabeza, con lo que se hizo cortes en un brazo que necesitaron varios puntos de sutura.

Otros vecinos fueron atendidos por cortes producidos por cristales rotos y por inhalación de humo, aunque la mayoría no sufrió más que un enorme susto. Los residentes pudieron regresar a sus casas sobre las 3.30 horas. Los dos ascensores han quedado inutilizados.

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